#200 – Julio de 1994, parte 4

En el episodio 200 de TDK 90s, terminamos de escuchar los discos editados en julio de 1994. Suena The Selecter abandonando su ska setentero para una nueva década, Pete Droge aprovechando los beneficios de ser amigo de Pearl Jam y Ani Di Franco siguiendo en su camino de incomodar a todos los tipos noventeros.

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The Selecter – The Happy Album

Cuando los mods británicos fueron furor en los 60, el éxito de su música se lo debían mayormente a los músicos de raíces negras que previamente habían revolucionado con su estilo. Y lo mismo pasó en 1977, cuando de nuevo, la juventud británica tomó las calles, los bares, los clubes y los pubs: junto con el punk, el ska sirvió para que las clases trabajadoras, y los hijos de inmigrantes pudieran expresarse. El ska era una música jamaiquina que había tenido sus momentos de mayor gloria y expansión a mediados de los sesenta y era patrimonio de grandes grupos como los Skatalites, que se ganaban la vida haciendo bailar a los turistas que visitaban Jamaica. En el Reino Unido, hubo varios grupos destacados dentro de la que fue conocida como la escena Two Tone. Dos de ellos, de la ciudad de Coventry: los Specials, un grupo de Coventry y The Selecter, que al igual que los Specials tenía la particularidad de ser interracial. La cantante era Pauline Black y el guitarrista, Noel Davies, el compositor de la banda.

De su primera época quedan dos discos: Too Much Pressure de 1980 y Celebrate the bullet, de 1981. Después se separan, un poco también porque las juventudes ya habían migrado hacia la New Wave. Pero en 1991, coincidiendo con un nuevo revival ska, vuelven a juntarse y preparan, entre otras cosas, el disco que salió publicado en julio de 1994: The Happy Album. Ahora sí, modernizados, y con algo de boom bap, cajas de ritmo y sintes detrás también, pero la esencia, sigue siendo la misma.

Pete Droge – Necktie Second

Con total naturalidad, en medio de los 90s te podía aparecer un videoclip en MTV o una canción en la radio con un estribillo que al pasar diga “si no me amás, me voy a matar”. Y cantarlo con absoluta dulzura y uno hasta podría decir felicidad. Eso mismo hizo Peter Droge en 1994 con su canción If You Don’t Love Me (I’ll Kill Myself) incluída en su disco debut Necktie Second. Es decir, esta era su presentación al mundo, un tipo que admiraba y emulaba musicalmente especialmente a Tom Petty y a Neil Young, jurando quitarse la vida si su amor no era correspondido. Y la conexión con Neil Young no terminaba ahí, porque fue su amor por él lo que unió a Pete Droge con su amigo Mike McCready, el guitarrista de Pearl Jam. Y como en esa época todo lo que tocaba Pearl Jam se convertía en oro, Pete consiguió su contrato discográfico y tuvo su primer y único pequeño hit.

The Mountain Goats – Zopilote Machine

Los Mountain Goats tienen una serie de características particulares que los hacen únicos. Primero el nombre, Mountain Goats es Cabras Montañesas, uno de los animales menos carismáticos, elegantes, fuertes, veloces o atractivos que te puedas encontrar en el reino animal. Otras bandas han usado tiburones, osos, leones, tigres y un montón de bichos que al menos tenían algún factor cool, pero las cabras montañesas definitivamente no. El segundo factor es su obsesión absoluta por la cultura azteca, pese a no ser mexicanos ni tener ascendencia mexicana, pero ellos nombraban discos y canciones y escribían letras sobre los aztecas como nadie. Y el ellos es fundamentalmente y casi en un 100% la obra de una persona, John Darnielle, que como tercer factor, era un obsesivo del lo-fi, este estilo de grabación naturalista y en baja calidad, y en el caso de él en extremadamente baja calidad. Su forma de grabación era conectar un micrófono directamente a un equipo de música casero, poner un casette y apretar rec. Cero post producción, cero efectos, sólo un hombre y su guitarra capturados por un mismo mic. Así fue su debut, el disco Zopilote Machine, que lo puso en el mapa con uno de los puristas lo-fi con más talento de su generación.

Consolidated – Business Of Punishment

La banda Consolidated hacía un estilo muy personal de hip hop, porque lo mezclaban con el sonido industrial. Apelando a dos comunidades que prácticamente no tienen punto de contacto, se puede pensar que su carrera iba a ser corta, pero no, en 1994 editaban su cuarto disco ya, llamado Business Of Punishment. Pero los Consolidated tenían otra cuestión que les hacía difícil meterse en los grandes públicos, sus letras con contenidos políticos eran extremas, radicalizadas para muchos, porque hablaban de sida, del aborto, pornografía y hasta de la pena de muerte. Definitivamente no eran la banda que escuchabas un domingo para relajarte. Y no terminaba acá, porque además, tenían una costumbre de dejar micrófonos colgando entre la audiencia para grabar sus gritos y mensajes a la banda. Y esos mensajes después eran incluídos en el siguiente disco como pequeños intermedios entre canciones. La banda misma llegó a reconocer años después que esa costumbre era una mierda y volvía inescuchables a sus discos de corrido. Por eso para este cuarto disco abandonaron esa costumbre y bajaron un poco el tono político de sus letras para intentar llegar a una audiencia más grande, un cambio impulsado por su nueva compañía discográfica, London Records, una de las empresas grandes que sólo miran la rentabilidad.

Southern Culture On The Skids – Ditch Diggin’

El problema con algunas bandas de parodia de los 90s es que podían enamorarse de su chiste y volverse una estupidez total, o, la otra opción, podían enamorarse del objeto parodiado. En el caso de los Southern Culture On The Skids, la banda se inició como una gran parodia a la cultura musical white trash sureña de parques de trailers. Pero tuvieron un problemón cuando se empezaron a volver cada vez mejores músicos y eso que hacían como chiste se empezó a transformar en su carrera. El sentido del humor cambió el foco pero se mantuvo presente y la banda en su disco Ditch Diggin de 1994 entró en la etapa de mayor popularidad. Además, le fueron agregando elementos nuevos como el country, y haciendo shows que eran una fiesta de baile y rock n roll. Son graciosos, son bailables, son rockeables, los Southern Culture On The Skids eran la banda más divertida del momento.

Lync – These Are Not Fall Colors

Un disco perfectamente imperfecto es el oxímoron que sirve para caracterizar el These Are Not Fall Colors de Lync. Esta banda, originaria del estado de Washington, de la ciudad de Olympia, es un antepasado directo del emo y del post rock. Ruido y disonancia, esas son las principales características de los temas que componen este álbum. Y el mérito es exclusivo del guitarrista Sam Jayne, de esos que saben afinar raro, muy personal y que claro, son los más difíciles de emular. Eso y la calidad de la grabación, lo-fi, indie verdadero -no por el tipo de música que hace sino por cómo suena, por el modo de producir y grabar las canciones. Y por todo eso es que los tenemos a estos chicos de Lync como favoritos de culto, precursores e innovadores de una escena futura.

Gilby Clarke – Pawn Shop Guitar

En el mes de noviembre de 1991, Gilby Clarke entraba como reemplazo de Izzy Stradlin en los G N´R. Su incorporación en la guitarra rítmica fue recibida ingratamente, pobre, como la de cualquier integrante semi-oficial de una banda reconocida como está. O, mejor dicho, con la imagen de un pibe simpático, amable y un tanto sumiso. Pero ese chico fue el que unos años más tarde, en 1994 precisamente, sacó un discazo titulado Pawnshop Guitars, del que participaron prácticamente todos los Guns, hasta los músicos sesionistas contratados para el tour. Y resultó ser que además de muy buen guitarrista, Gilby Clarke era también un gran compositor. Y la producción del disco, a cargo de Waddy Wachtel, es impecable.

Ani DiFranco – Out Of Range

Con el mismo nivel de creatividad y profundidad que en sus trabajos previos, la prolífica cantautora publicó en 1994 su quinto álbum de estudio, el Out of Range. Como siempre, también, sigue siendo una ferviente defensora de los feminismos, la autogestión, la resistencia, el anarquismo y la libertad de expresión, conceptos que son absolutamente coherentes con su manera de ser, de estar y de moverse en el mundo. Oriunda de la ciudad de Buffalo, Estados Unidos, Ani toca la guitarra desde muy chiquita, pinta y escribe sus propios poemas. Y a los 15 años se va, para no volver. Se instala en Nueva York y se la pasa acampando en casas de amigos y amigas, en el mundo real, de donde surgen también sus primeras canciones. Pero desde el primer momento, se negó a firmar contratos discográficos y, en cambio, montó su propio sello, Righteous Babe Records, desde donde sacó todos los discos que hizo. Y así, de a poco, con talento y libertad para hacer lo que quería, pasó de los circuitos universitarios a ganar un Grammy.

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