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En el episodio 245 de TDK 90s, terminamos de escuchar los discos editados en agosto de 1995. Suena Morrissey en modo extra rock artístico, la vuelta de Boy George y clásicos británicos.
Morrissey – Southpaw Grammar

Todos los grandes artistas han tenido al menos un disco indulgente, su disco de opera rock, de art rock, su disco conceptual. A Morrissey le llegó la hora en el 95 con su quinto album como solista llamado Southpaw Grammar. No es exactamente conceptual, pero si tiene algunas referencias al boxeo, desde la imagen de portada hasta el propio título ya que Southpaw es un término de la jerga boxística para referirse a un boxeador zurdo. Y obviamente Morrissey siendo Morrissey lo junta con Grammar, o sea Gramática. Acá el componente indulgente está en las dos canciones del disco que superan los 10 minutos de duración, en un solo de batería ejecutado por Spencer Cobrin de 2 minutos y medio, y en el sampleo en la canción The Operation de una sinfonía de Shostakovich. Pero aún en modo extra indulgente o artístico para un músico que la era, aparecieron algunos destellos de pop accesible que le permitieron seguir entrando a los rankings.
The Charlatans – The Charlatans

El cuarto disco de los Charlatans fue un disco bisagra en todo sentido. Primero, porque fue el disco que grabaron después de la condena de Rob Collins, el tecladista de la banda que un año antes había caído preso por participar, aunque sin quererlo, de un robo. Él y sus irremplazables teclados Hammond volvieron a ser protagonistas en este álbum de los británicos que sería, además, el último publicado en vida porque tiempo después murió en un accidente de tránsito camino al estudio de grabación.
Pero además, es un disco bisagra porque los Charlatans abandonan un poco el sonido característico de sus discos anteriores y se vuelven más brit todavía, con una clara influencia de los Stones (ya no tanto los Roses como los Rolling). La crítica musical lo elogió muchísimo y ayudó a que fuera un éxito de ventas. Melody Maker, por ejemplo, lo rankeó dentro de su lista de los 100 mejores discos de todos los tiempos y es, realmente, uno de sus mejores, con temas icónicos como los dos que vamos a escuchar ahora: Just Lookin y Feeling Holy.
The Brian Jonestown Massacre – Methodrone

Aunque fue un disco bastante ignorado en su momento, el Methodrone de The Brian Jonestown Massacre es considerado hoy en día como un álbum de culto, muy influyente en la escena shoegaze y neo-psicodelia de los 90.
El título del disco es un juego de palabras entre methadone (la metadona, una droga usada en el tratamiento de la adicción a la heroína) y el morfema drone que hace referencia al efecto de sonido que se consigue con pedales de delay, distorsión y reverb que “alargan” una nota hasta convertirla en un fondo sonoro hipnótico. Muy al estilo Spaceman 3, Loop o My Bloody Valentine. Y eso es justamente lo que buscaban: el sonido ensoñador y persistente del shoegaze. Como se lee en una reseña de Mojo de la época: “Todo se mueve con la lentitud y la gracia atormentada de aceptar el destino”. Al parecer, varias de las canciones del disco se grabaron con equipos viejos y mal ajustados, lo que contribuyó al sonido “denso y brumoso” que después fue tan celebrado y que conforma esa especie de puente entre el shoegaze y la psicodelia revival.
Seaweed – Spanaway

Alejados un poco de su ethos DIY, los Seaweed aceptan una oferta para firmar con el sello Hollywood Records, que en ese momento estaba muy interesado en fichar a las bandas de Sub Pop. La discográfica, que los veía como los nuevos Nirvana, invirtió mucha plata en ellos y los puso a trabajar con el productor Andy Wallace para grabar el disco Spanaway, de 1995.
El disco se destacó por mezclar punk melódico con tintes de grunge, pero a pesar de lograr el sonido que buscaban y de la buena recepción que tuvo entre su público, ese hit que tanto buscaba Hollywood Records nunca llegó y al poco tiempo de finalizar el contrato, los terminó despidiendo. Una anécdota curiosa, justamente, es que la canción “Magic Mountainman” fue rechazada como sencillo por la discográfica por ser “demasiado rara”.
A pesar de todo, Spanaway terminó siendo el álbum más vendido de Seaweed y con los años se lo revalorizó como un clásico del post-grunge noventero.
The Screaming Jets – The Screaming Jets

No toda la música de Australia que se volvió popular en los 90s emergió de Sidney o Melbourne. De hecho hay una ciudad que dio vida a dos de las bandas más representativas de Australia de la década, Newcastle. Sí, Australia tiene su propia Newcastle y de allí salieron tanto Silverchair como The Screaming Jets. Al igual que su gemela inglesa, la Newcastle australiana era una ciudad industrial y los chicos que nacen en el pueblo se veían forzados a trabajar en alguna de las industrias del acero de la zona. Era muy difícil escapar a esta realidad, pero los integrantes de The Screaming Jets deseaban tanto salir, que lograron forjarse una carrera musical a la que le inyectaron el espíritu de Newcastle. Un espíritu de gente que trabaja duro, bebe duro y quiere que su rock sea duro. Por eso los dos primeros discos de Screaming Jets son más pesado que otra cosa, pero para su tercero decidieron reinventarse y buscar un sonido menos metalero y más artístico. Las canciones sonaban mejor y sus letras eran más profundas, pero el público de Newcastle les dio la espalda por ablandarse y todo les empezó a costar mucho más.
Dance Hall Crashers – Lockjaw

De todas las bandas que dio la escena skapunk de mediados y fines de los 90s, los Dance Hall Crashers eran quienes tenían mayor pedigree para poder emular el éxito del punk del 94. La banda además para su disco Lockjaw había firmado contrato con la discográfica multinacional MCA Records y tenía contratado como productor a Rob Cavallo, el mismo que un año antes había producido el disco Dookie de Green Day. Además el grupo había nacido de la escena californiana y con miembros de Operation Ivy, considerados los padrinos del género. Con toda esa presión logran producir un disco que no se quedaba en la fórmula básica del ska punk sino que intentaba construir verdaderas canciones pop. Y tenían un arma fundamental que casi nadie tenía en ese momento, no sólo una sino dos cantantes mujeres, Elyse Rogers y Karina Denike, que funcionaban en tandem recordando a grupos de los 80s como Bananarama o las Go-Gos.
Boy George – Cheapness And Beauty

Boy George había salido del closet en los 80s, pero en 1995 salió de un nuevo closet. Toda la historia musical de Boy George estuvo ligada al pop y a la música bailable, desde su etapa liderando Culture Club hasta toda su carrera solista hasta ese momento. Incluso había logrado revitalizar su fama cantando la canción principal de la película El Juego de las Lágrimas. Pero lo que hizo con su quinto disco solista, Cheapness and Beauty, no se lo esperaba nadie: un disco de rock. Como en aquellos años George había estado rememorando mucho su pasado para escribir su autobiografía, este flashback lo hizo reconectar con su adolescencia y su admiración por las figuras del glam rock. Y sintió que era el momento de hacerlo. Además, por primera vez en su carrera se animaba a cantar abiertamente sobre su sexualidad y le pareció divertido que el género usado para eso fuera el rock. Pero a nadie en el público más rockero le gustó la propuesta y muy pocos de su fans históricos sentían la misma conexión con el rock, lo que lo dejó huérfano de oyentes para su nueva aventura.
Junior MAFIA – Conspiracy

Bajo la guía de The Notorious B.I.G., Junior M.A.F.I.A. lanzó en 1995 su álbum debut, Conspiracy, una especie de secuela inspirada en Ready to Die. Fue publicado el 29 de agosto de 1995 por Big Beat Records (con distribución de Atlantic) y se grabó en Nueva York, con la colaboración de productores como DJ Clark Kent, Daddy-O, Special Ed y el propio Notorious B.I.G., quien además fue coproductor ejecutivo del disco.El grupo, cuyo nombre significa Junior Masters at Finding Intelligent Attitudes, estaba formado por varios colectivos de Bedford-Stuyvesant, Nueva York, incluyendo a Lil’ Kim (la figura femenina destacada). Gracias a los sencillos “Get Money” y “Player’s Anthem”, que tuvieron su videoclip, los Junior MAFIA ganaron notoriedad inmediata, y Lil’ Kim inició una carrera solista con el disco Hard Core del año 1996, que la convirtió en una de las grandes figuras del rap.