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En el episodio 245 de TDK 90s, empezamos a escuchar los discos editados en septiembre de 1995. Suena Blur bien arriba de la ola brit pop, los Red Hot Chili Peppers en modo full drogas y Lennny Kravitz declarando la muerte del rock.
Blur – The Great Escape

En 1995, Blur alcanzó la cima de su etapa britpop con The Great Escape, un disco publicado el 11 de septiembre de ese mismo año que conquistó a la crítica y al público británico pero también al americano, porque fue el primer trabajo de la banda que entró en los rankings de Estados Unidos. The Great Escape cerraba la llamada trilogía de la vida, iniciada con el Modern Life Is Rubbish y seguida del Parklife. A la vez, anunciaba un cambio de rumbo que se consolidaría dos años más tarde, cuando la banda abandona el britpop para explorar otras sonoridades.
Con un aire de disco conceptual, The Great Escape construye un retrato mordaz y melancólico de la soledad moderna, disfrazado de canciones muy coreables. De allí surgieron himnos como “Country House”, “The Universal”, “Stereotypes” y “Charmless Man”, todos convertidos en grandes éxitos de Blur.
Mientras tanto, el arrasador éxito de Oasis inclinaba el interés mediático hacia nuevos horizontes.
Red Hot Chili Peppers – One Hot Minute

El lanzamiento del sexto disco de los Red Hot Chili Peppers, llamado One Hot Minute, fue una de las grandes decepciones de los 90s. No necesariamente justificada pero fue defraudó un poco a sus fans. Recordemos que el disco anterior de los Chili Peppers, Blood Sugar Sex Magik, había salido en 1991, 4 años antes y fue un disco transformador para la música de la década, uno de los focos de influencia más grandes en la creación de la escena alternativa. Pero la fama los reventó, el guitarrista del grupo John Frusciante, quizá el más talentoso de ellos, dejó el grupo en el 92 en medio de la gira porque no podía lidiar con esa vida de superestrellas. Y después de años de mantenerse limpio, Antony Kiedis cayó de nuevo en su adicción a las drogas y no tuvo mejor idea que convocar como nuevo guitarrista a un reconocido adicto como Dave Navarro, de Jane’s Addiction.
El resultado fue un disco más duro, más agresivo, con menos groove y más distorsión. Los rumores decían que Antony Kiedis había cambiado a un compañero que lo estimulaba creativamente por uno que lo estimulaba a tomar más drogas. Pero One Hot Minute no fue el fiasco que se construyó desde las revistas especializadas, la profundidad y el dolor con las que sus letras hablan sobre las drogas, la amistad y el vacío existencial de la fama se volvieron un retrato perfecto del rock de aquella mitad de los 90s. Y el disco tuvo sus hits y se mantuvo en los rankings y construyó un escalón más en su ascenso como uno de los grupos más importantes de las últimas 4 décadas.
Lenny Kravitz – Circus

Hijo de la actriz Roxie Roker y de un productor de televisión, Lenny Kravitz pasó su infancia en un entorno privilegiado de Los Ángeles, rodeado de figuras como Miles Davis, Ella Fitzgerald y Duke Ellington. De niño cantó en el California Boys Choir y en la adolescencia quedó fascinado con Prince, al punto de adoptar el seudónimo Romeo Blue e imitarlo en estilo y estética. Sin embargo, al mudarse a Nueva York a finales de los ochenta, comenzó a redescubrir sus raíces musicales en el rock, el soul y la psicodelia de los sesenta y setenta, construyendo un lenguaje propio donde lo personal y lo artístico se entrelazan.
Ese regreso a lo esencial lo convirtió en una de las voces más singulares de su generación. Debutó con Let Love Rule (1989) y se hizo famoso gracias a temas como “Are You Gonna Go My Way” o la electrizante versión de “American Woman”. Lo que sí supo hacer bien Kravitz fue combinar el rock clásico con el funk y el soul, y aprovechar su imagen carismática para convertirse en ícono cultural de los noventa. Sin embargo, la publicación del disco Circus, en el año 1995, estuvo marcada por varias tensiones personales. Kravitz estaba disconforme con el negocio musical y la enfermedad de su mamá, que tiempo después falleció, lo tenía muy preocupado. Aunque muchos críticos lo consideraron una repetición de fórmulas previas, el álbum mostró un costado más íntimo del artista, un alma que emerge de esa lucha de Kravitz, intentando encontrar luz entre las sombras de su vida personal.
Seven Mary Three – American Standard

1995 tuvo varios momentos claves para darnos cuenta de que se había desatado una segunda ola grunge en el mundo. Y en el mundo es realmente en el mundo, el foco ya no estaba sólo en Seattle sino que aparecían grupos que fotocopiaban aquel estilo en todas partes del planeta. Y si en todo el mundo sucedía este fenómeno, en los propios Estados Unidos era una epidemia. Así aparece un grupo que representó perfecto a esta segunda ola de grunge impostado, calculado, alimentado por las compañías discográficas como una destilación radio friendly de un estado de ánimo mucho más oscuro. El grupo se llama Seven Mary Three, venían del estado de Virginia, en el noroeste americano, y aparecieron en la escena en el 94 con un disco muy independiente que fue captado por una discográfica de las grandes, Atlantic y regrabado en parte para sonar más pulido y más apto para rock de estadios. Seven Mary Three sonaban a unos Pearl Jam que se habían salteado la etapa de tocar en bares de mala muerte, un atajo a la MTV, fomentado por su single Cumbersome y su videoclip que se veía exactamente como un ejecutivo de cuentas imaginaba que se vería un video grunge.
Blonde Redhead – La Mia Vita Violenta

Pocas bandas pueden citar sus influencias y sorprender, pero los Blonde Redhead decían que tenían 4 grandes influencias. Por el lado de la música estaban My Bloody Valentine y Fugazi, pero las otras dos venían del cine, y ahí estaba el shock. Pier Paolo Pasolini y Jean-Luc Godard, los dos padres del cine artístico europeo de los 60s, y también influencia en cineastas por los últimos 60 años. Por ese lado se entiende el título del segundo disco de Blonde Redhead, llamado La Mia Vita Violenta. No hace falta traducción, es muy claro. Con esa sensibilidad cinematográfica, el grupo, que se había quedado sin guitarrista por la salida de Maki Takahashi, siguió como un trío sin perder fuerza. Pero para ellos la fuerza no estaba en la agresividad desatada sino en momentos controlados de noise rock conviviendo con el pop más agridulce y nostálgico.
88 Fingers Louie – Behind Bars

Impulsados atrás de NOFX, que a su vez estaban impulsados atrás de Bad Religion, la escena de hardcore melódico estallaba a mitad de los 90s y florecían bandas por todos lados. Grandes discípulos de esta movida fueron los 88 Fingers Louie, que venían de Chicago y en honor a su ciudadanía le habían puesto así a la banda por un gangster que tocaba el piano. Pero este no era un mafioso cualquiera, sino un personaje de los Picapiedras. El disco debut del grupo llegó en 1995 y sorprendió no sólo por la precisión con la que estaba interpretado, algo poco común en bandas punk debutantes, sino también por la calidad con la que estaba grabado y mezclado, algo aún menos común. Pero al ver algunos de los nombres involucrados, podemos entenderlo. El baterista era Glen Porter, que luego fue parte de Alkaline Trio y el bajista Joe Principe, luego en la banda Rise Against. Pero no todo era perfecto, en su primer gran gira en el 96, y con sólo un disco y un ep publicados, los 88 Fingers Louie se separaron en medio de muchísimos conflictos entre ellos. Al menos dejaron este testamento de lo que fueron y la proyección de lo que podrían haber sido.
Jawbreaker – Dear You

Jawbreaker nació en la efervescente escena punk de la Bahía de San Francisco a finales de los ochenta y se ganó un lugar especial gracias a su honestidad descarnada, letras inteligentes y un sonido que mezclaba la crudeza del punk con una sensibilidad melódica. Esa autenticidad los hizo abanderados de lo alternativo.
Durante los años previos a 1995, Jawbreaker fue creciendo en notoriedad. Los llamaron “los Green Day para pensadores”, insinuando que podían ser la próxima gran banda punk de la costa oeste. Sin embargo, ese ascenso coincidió con una decisión que marcó un quiebre importante: firmaron con DGC Records, una major, lo que para una parte considerable de sus seguidores fue una verdadera traición. Y si a esto le sumamos la cirugía de cuerdas vocales del cantante, que transformó de manera irreversible su forma de cantar, tenemos como resultado lo que fue el último disco de su carrera.Pero ojo, porque este disco, el Dear You, a pesar de tener un recibimiento hostil en su momento, hoy es considerado una obra clave en la evolución del emo y el pop punk. Paradójicamente, terminó siendo el epitafio y el legado más perdurable de Jawbreaker.
God Lives Underwater – Empty

Jeff Turzo y David Reilly crecieron en la tranquila Pensilvania, lejos de los grandes centros musicales, pero con una fascinación compartida: experimentar con computadoras, teclados y sonidos electrónicos. Una noche de 1993, después de grabar un tema industrial/techno para una fiesta, decidieron convertir ese juego en un proyecto serio. De esa chispa nació God Lives Underwater, nombre con el que pronto lograron captar la atención de Rick Rubin, el mítico productor y presidente de American Recordings, quien los fichó para su subsello Onion. El dúo pronto sumó a Andrew McGee en guitarra y Adam Kary en batería, listos para salir a tocar y grabar su primer larga duración, el Empty de 1995.
En poco tiempo, God Lives Underwater se ganó un lugar como una de las propuestas más singulares dentro del cruce entre rock industrial y electrónica de mediados de los noventa. Pero además, su música —una mezcla de guitarras densas, loops electrónicos y un aire de oscuridad emocional— quedó asociada a ese momento muy noventoso de cine juvenil y cyberpunk, donde su mezcla de rock industrial y electrónica encajaba perfecto.