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En el episodio 247 de TDK 90s, seguimos escuchando los discos editados en septiembre de 1995. Suenan muchas bandas lideradas por chicas y unos cuantos muchachos de distintos niveles de alternatividad.
Echobelly – On

En 1995, la banda inglesa Echobelly se encontraba en plena explosión creativa. Su segundo disco, titulado On, no solo conquistó a la crítica, sino que también escaló hasta el puesto número 4 en el ranking de álbumes del Reino Unido.
El nombre del disco tiene una historia curiosa: Glen y Sonya encontraron un póster con la palabra “no” escrita en rojo sangre. Bastó con darle la vuelta para transformarla en un “sí”, una afirmación, un impulso hacia adelante. Y así nació On, un título cargado de energía positiva.
El eco de la banda llegó tan lejos que incluso Madonna quiso ficharlos para su sello Maverick. Aunque cuestiones contractuales lo impidieron, el interés estaba ahí. Y no fueron los únicos: R.E.M. los eligió como teloneros para su gira, un espaldarazo enorme para una banda en pleno ascenso.
En 1995, Echobelly volvió al estudio para dar forma definitiva al disco, bajo la producción de Sean Slade y Paul Kolderie, conocidos por trabajar con bandas tan potentes como Hole y Radiohead. El resultado fue un álbum en el que seguía predominando esa mezcla chispeante de post-glam y punk, con melodías cargadas de fuerza y una Sonya Madan al frente, afilada, irónica y encendida como siempre.De ese trabajo se desprenden canciones que quedaron en la memoria de muchos, como King of the Kerb y Great Things, himnos de una época en la que Echobelly demostró que estaba lista para jugar en las grandes ligas.
Skunk Anansie – Paranoid & Sunburnt

Nos vamos ahora a Brixton, al sur de Londres, para conocer a una de las frontwomen más intensas de los noventa: Skin, la voz y el alma de Skunk Anansie. Con su cabeza rapada y una potencia vocal imposible de ignorar, Skin se paraba frente al micrófono como una fuerza de la naturaleza.
La banda irrumpió con un sonido crudo, de botas de combate, sin adornos, pero con un filo funk que hacía que cada tema estallara. Sus letras eran igual de contundentes: hablaban de política, religión, racismo y feminismo: todo dicho en mayúsculas, sin concesiones.
En 1995 lanzaron su primer disco, Paranoid & Sunburnt, grabado en una casa embrujada a las afueras de Londres. Un debut que entró directo al número 8 en el ranking británico y que fue el punto de partida de una carrera imparable. Aunque la prédica feroz de sus letras podía resultar excesiva para algunos, la música era tan poderosa y musculosa que sostenía todo el peso del mensaje.
De aquel álbum surgieron sencillos que hicieron ruido dentro y fuera del Reino Unido. El primero fue “Little Baby Swastikkka”, editado solo en formato promocional con apenas dos mil copias. Después llegó “Selling Jesus”, que incluso formó parte de la banda sonora de la película Strange Days. Le siguieron “I Can Dream”, “Charity” y, finalmente, “Weak”, uno de los mayores éxitos del grupo, que alcanzó el puesto 20 en los charts.
Skunk Anansie se autodefinía como banda de clit-rock: una mezcla explosiva de metal, punk, rock alternativo y rabia feminista negra. En un panorama dominado por el britpop de guitarras suaves, ellos eran los outsiders, los que gritaban contra el sistema.
Su nombre, por cierto, también tiene historia: proviene de las leyendas afrocaribeñas de Anansi, el hombre-araña, con un pequeño cambio en la escritura y la palabra “Skunk” al frente, para hacerlo aún más provocador.
Así se fue escribiendo la trayectoria de una de las bandas más incendiarias y singulares de los noventa, capaces de transformar la rabia en música y de convertir cada escenario en un campo de batalla sonoro.
Heroes Del Silencio – Avalancha

1995 trajo el final de una de las bandas más importantes de la historia del rock de España. Con su cuarto disco, Avalancha, se despedían los Héroes del Silencio. Los 90s hicieron efecto en el grupo, que había tenido su mayor éxito con su disco El Espíritu del Vino unos años antes, y ahora, imbuídos de la influencia de la escena grunge, intentaron hibridar ese estilo con el suyo. El resultado es el disco más abiertamente norteamericano de los Héroes del Silencio y un poco incomprendido en su momento por una audiencia que pedía más de lo que ya conocían de la banda. Pero acá lo que encontraron, además de esas influencias de grupos como Soundgarden y Alice In Chains, son canciones sobre temáticas sociales como la apatía, el agobio y la avaricia. Toda esa opresión, acompañada por guitarras más pesadas que nunca, desorientaron a los fans del momento pero dejaron un disco de despedida de una banda que buscó seguir cambiando hasta el final.
Mercury Rev – See You On The Other Side

See you on the other side, te veo del otro lado, es una frase clásica en la cultura norteamericana para despedirse entre amigos o compañeros antes de enfrentar juntos una aventura. Se usó mucho para la guerra antes de alguna batalla pero también la usaban los miembros del grupo Mercury Rev antes de cada recital. Y así nombraron a su tercer disco, editado en septiembre de 1995 con una particularidad que parecería cataclísmica pero que no lo fue: la banda se había quedado sin su cantante original Dave Baker. Este reseteo del grupo sirvió también para resetear su sonido, abandonando el costado más ruidoso y desprolijo en busca de una estética orquestal, ambiental y más delicada, incluso con algunos destellos de jazz. Aquí comenzaba la segunda mitad de la historia de Mercury Rev.
Machines Of Loving Grace – Gilt

Los 90s no tenían límites morales en muchos aspectos de la música y de la vida, y uno eran las portadas de los discos. Hubieron muchas super polémicas y otras tantas directamente censuradas. Pero el grupo The Machines Of Loving Grace se las arregló para saltearse todos los controles porque lo suyo fue un homenaje, una estilización. A través de la recreación con una actriz y mucho trabajo de edición, la tapa mostraba a una chica despatarrada en el suelo pero muy elegante. Pero la historia detrás es trágica, porque la imagen original había sido una fotografía de 1947 de una chica que se suicidó tirándose desde la punta del edificio Empire State en New York. Esta oscuridad que sobrevolaba la portada era perfectamente representativa del sonido de Machines Of Loving Grace, que tenía reverberaciones del rock gótico con The Cure bien adelante en las influencias, pero con un enfoque moderno y lleno de máquinas inspirado en la escena del rock industrial de los 90s. Y subidos al éxito de la canción que aportaron a la banda de sonido de la película El Cuervo, este tercer disco, Gilt, reforzó su posición como uno de los líderes del lado oscuro noventero.
G Love And Special Sauce – Coast To Coast Motel

Las características a grandes rasgos de la banda G Love And Special Sauce en principio no tienen ningún sentido. ¿Un grupo de Filadelfia mezclando blues tradicional con hip hop? Rarisimo, inexplicable. Pero eran los 90s, hogar de lo rarísimo e inexplicable, y así el primer disco de la banda fue un pequeño éxito porque agarró a todos desprevenidos. Pero llega 1995 y el segundo disco, Coast To Coast Motel, cambió el enfoque. El elemento hiphopero prácticamente desapareció porque sonaba un poco impostado y aparecieron influencias más afines al blues, como el funk, el rock and roll y un espíritu groovero más tradicional.
Son Volt – Trace

La primera mitad de los 90s tuvieron un supergrupo que impulsó la reinvención del country y folk norteamericano en código de rock alternativo. Fueron los Uncle Tupelo, liderados por dos compositores increíbles como Jay Farrar y Jeff Tweedy. Pero el grupo se separó y mientras Tweedy se concentró en su banda Wilco, Farrar formó un nuevo grupo, Son Volt. Wilco en los años siguientes se iba a llevar el trono como heredero de este movimiento, pero el trabajo de Jay Farrar en Son Volt es igual de importante para su crecimiento. En 1995 editan su primer disco, Trace, y de entrada queda claro que esta es una joya del country alternativo, uniendo esas dos audiencias como nadie. El rock de raíces convive acá con el folk, y el country, en formatos que van desde homenajes a clásicos del honky tonky a canciones llenas de rock, pero siempre con un mismo elemento unificador, la voz derrotada y melancólica de un Jay Farrar en su mejor, o peor, momento.
Superchunk – Here’s Where The Strings Come In

En 1995, la banda estadounidense de indie rock Superchunk lanzó su quinto álbum de estudio: Here’s Where the Strings Come In. Un disco que llegó después de años de giras intensas, con la banda recorriendo escenarios de todo el mundo e incluso sumándose al mítico festival Lollapalooza. De allí salió también un pequeño éxito: el single y videoclip de “Hyper Enough”.
Lo interesante de este trabajo es que no busca romper con el estilo que ya caracterizaba a Superchunk: ese punk-pop tenso, heredero de Hüsker Dü, nervioso y vibrante. Pero algo había cambiado. En este álbum, la energía juvenil y desprolija que antes parecía infinita ahora suena desgastada, casi agotada.
Esa fatiga, lejos de ser un defecto, terminó dándole una nueva textura a la música de la banda. Como si Mac McCaughan, su vocalista, tratara de equilibrar el cansancio y el desencanto con la pasión que todavía sentía por el punk. Y de ese choque entre el desgaste y el impulso vital nacieron canciones que se sienten más complejas, más densas emocionalmente.
Here’s Where the Strings Come In no fue un quiebre total, pero sí una especie de bisagra: un álbum donde el punk-pop nervioso de Superchunk empezó a mostrar grietas, dejando pasar una vulnerabilidad que hacía sus temas más humanos.De allí destacan piezas como “Hyper Enough” y “Iron On”, que muestran a una banda en plena transición, aún fiel a sus raíces, pero dejando entrever el peso de los años en la carretera.