#248 – Septiembre de 1995, parte 3

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En el episodio 248 de TDK 90s, seguimos escuchando los discos editados en septiembre de 1995. Suenan los Flaming Lips en un período oscuro, los AC-DC reclamando la corona rockera y mucho rock industrial.

The Flaming Lips – Clouds Taste Metallic

En septiembre de 1995, The Flaming Lips publicó Clouds Taste Metallic, el disco que marcó un cierre de etapa, ya que fue el último que grabó Ronald Jones en guitarra. Esa grabación quedó registrada con detalle en el documental Fearless Freaks.
Después del inesperado éxito de “She Don’t Use Jelly”, incluido en su trabajo anterior Transmissions from the Satellite Heart, muchos pensaban que este nuevo disco sería el gran salto comercial de la banda. Sin embargo, Clouds Taste Metallic no logró repetir aquella repercusión masiva. Lo curioso es que, con el paso del tiempo, terminó convirtiéndose en uno de los discos más valorados por los fans y la crítica, alcanzando un auténtico estatus de culto y hoy se reconoce como una de las joyas en la odisea cósmica de The Flaming Lips.
Musicalmente, el disco pivotea entre la psicodelia y el pop y desde el punto de vista lírico, las canciones, aunque enigmáticas, tienen una carga emocional profunda, lo que hace del Clouds Taste Metallic un disco a mitad de camino entre la excentricidad y la ternura.

Tar – Over And Out

Ya antes de comenzar el año 1995, los integrantes de la banda Tar, que habían surgido de la escena underground de Chicago a finales de los 80, decidieron que iban a finalizar su recorrido musical con un cuarto y último disco. Y así, en septiembre de ese mismo año salió el álbum Over and Out, publicado a través del sello independiente Touch and Go.

Para la producción del disco, los Tar contaron con la ayuda de dos productores e ingenieros de sonido: Steve Albini y Bob Weston. El resultado fue un trabajo cargado de ruido y energía, con una pared de guitarras oscuras y disonantes, algo que caracteriza muy bien el estilo punk post-hardcore.Aunque decidieron retirarse pronto, muchos aficionados consideran que Over and Out es, justamente, su obra más lograda: un cierre contundente, a la altura de su nombre y de la escena que los vio nacer.

AC/DC – Ballbreaker

Al disco número 13, los muchachos australianos de AC-DC dijeron “y si cambiamos un poquito la fórmula”. Y lo que pasó fue un éxito totalmente inesperado en una década, la de los 90s, que nada tenía que ver con su herencia musical. Quizá el secreto haya estado en el productor, que esta vez fue Rick Rubin, un tipo que todo lo que tocaba lo convertía en oro. Rubin fue históricamente fan de la banda y después de ayudarlos a producir una canción para la banda de sonido de Last Action Hero, que por cierto llegó al puesto número 1 de los rankings de rock, se convirtió oficialmente en el guía musical y espiritual de los AC-DC en esta aventura. En la mente de Rubin estaba una mezcla que él consideraba infalible: quiero el sonido de las guitarras de Back In Black, la batería de Highway To Hell y el tono vocal de Led Zeppelin. Ese trabajo de cirujano sonoro dio resultado porque el disco, titulado Ballbreaker, les generó nuevos hits y logró conectar con una audiencia joven que prácticamente desconocía a la banda.

Rammstein – Herzeleid

En 1995, seis músicos alemanes irrumpieron en el mundo del rock con un disco que dejó una huella difícil de borrar: Herzeleid, el primer álbum de estudio de Rammstein, lanzado el 25 de septiembre de ese año bajo el sello Motor Music.

Su sonido era brutal, preciso y sorprendentemente adictivo: tecno-metal oscuro y teatral. Desde la apertura del disco, con el tema “Wollt ihr das Bett in Flammen sehen”, Rammstein muestra su fórmula: un desfile industrial de bajos, guitarras, batería y sintetizadores. Lo que hicieron fue mezclar la dureza del metal, con el postpunk y con alguito de drum’n’bass.

El disco se grabó en Suecia, con el productor Jacob Hellner, en un proceso difícil porque nadie en la banda hablaba el mismo idioma que él, y la comunicación fue un verdadero campo de batalla. Pero por suerte, había un ingeniero de sonido holandés, Ronald Prent, que tuvo la gentileza de oficiar de mediador. La portada original también trajo polémica: era una foto de los integrantes de la banda semidesnudos y empapados de sudor, lo que ayudó a cimentar su imagen provocadora. Y a la provocación se suma la invitación de Trent Reznor para que participen los Rammstein en la banda sonora de la película Lost Highway de David Lynch. Ese detalle, de todos modos, los hizo conocidos a nivel mundial.

Front Line Assembly – Hard Wired

A mediados de la década del 90 hubo un pequeño período de oro de la música industrial, de la rama rockera pero también de las bandas que lo mezclaban con sonidos más electrónicos. En esta segunda categoría entran los Front Line Assembly, una banda que venía insistiendo con estos ritmos machacantes desde los 80s, y en 1995 estaban editando su octavo disco, Hard Wired. Fans de los samples de pequeños diálogos de películas y series, el grupo innovó acá incluyendo una nueva categoría que se volvería muy común en el futuro, sampleos de sonidos de videojuegos. ¿Y qué juego eligieron? El inmortal Doom, ideal por lo futurista, apocalíptico, inmersivo y violento, justo como los Front Line Assembly.

Nightcrawlers – Let’s Push It

El house con poder de cruzarse a los rankings y radios pop seguía vivo en 1995 de la mano de uno de los temas bailables del año, Push The Feeling On de Nightcrawlers. Nightcrawlers era el nombre artístico con el que productor y cantante John Reid firmaba algunos de sus singles y también este disco editado ese año, llamado Let’s Push It. El sonido del disco es muy característico porque está cantado como si fuese sampleado, mientras que voz y sintetizadores se mimetizan por momentos generando una sensación extraña pero muy agradable al oido. Y la historia de single y disco no terminó en el 95, por el resto de la década siguieron apareciendo diferentes remixes que de golpe volvían al tope de la listas bailables.

Lifetime – Hello Bastards

Desde Nueva Jersey, los Lifetime sacudieron la escena hardcore con su segundo disco de estudio que se llamó Hello Bastards. Es un álbum que marcó un pequeño giro en su sonido, sumando un costado más melódico dentro de la velocidad y la energía implacable que ya traían del hardcore.

Las letras de Ari Katz, aunque a veces son un poco difíciles de descifrar en medio de la tormenta sonora, se enfocan en lo personal: hablan principalmente del desencanto juvenil, una etapa en la que los sentimientos están a flor de piel. Esos temas, aunque sin proponérselo del todo, terminaron echando raíces en lo que más tarde fue el emo. Música hecha para gritar, correr y sentir que uno no está solo en medio del caos.

Spiderbait – The Unfinished Spanish Galleon

Todos conocemos al género pop-punk. De la mano fundamentalmente de Green Day y después Blink-182 y cientos de bandas más, este estilo se hizo popular en los 90s y siguió siendo muy influyente hasta la actualidad. Pero qué pasa cuando una banda no es exactamente punk ni tampoco hardcore, pero sí les gustan los sonidos sucios y les gusta el pop y quieren hacer canciones en formatos pop con esos sonidos sucios. Bueno, lo que tenemos es trash pop. Así fueron definidos los australianos de Spiderbait, una banda que tenía una característica muy inusual, el cantante era el baterista de la banda. Pero nada de ponerse una tarima para elevar el set y que la gente lo vea, no el tipo cantaba desde atrás de todos y la energía que le inyectaban a los shows, dicen los que los vieron que era absolutamente hipnótica. En 1995 editan su segundo disco, The Unfinished Spanish Galleon, que fue muy raro incluso para esta década pero que no deja de ser un intento desde una perspectiva trash de cómo podrían sonar las canciones pop en un mundo bizarro.

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