#250 Octubre de 1995, parte 1

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En el episodio 250 de TDK 90s, empezamos a escuchar los discos editados en octubre de 1995. Suena Oasis apoderándose del planeta, además de Deftones, Meat Puppets y Attaque 77 recuperando su popularidad.

Oasis – (What’s The Story) Morning Glory?

En 1994, se cumplía el sueño de dos hermanos de Manchester que querían ser estrellas de rock: Oasis irrumpía con Definitely Maybe y se convertía en el nuevo estandarte del rock británico. Un año después, lo que vino fue What’s the Story (Morning Glory?), un disco más introspectivo, lleno de himnos y baladas que todavía resuenan en el imaginario colectivo, como Wonderwall, Don’t Look Back in Anger y Champagne Supernova.

Compusieron una canción por día y en apenas dos semanas ya tenían el disco listo. La llegada del baterista Alan White aportó firmeza al sonido y la producción estuvo a cargo de Owen Morris y Noel Gallagher. Entre todos, consiguieron un disco redondo, con canciones impecables y una producción más trabajada y pulida.El día del lanzamiento, el 2 de octubre de 1995, fue una explosión. Morning Glory vendió más de 345 mil copias en su primera semana, se mantuvo durante meses en el tope de los rankings y convirtió a Oasis en un fenómeno global. La llamada “Batalla del Britpop” con Blur encendió las portadas de los diarios y dividió al Reino Unido entre norte y sur, entre obreros y artistas, entre arrogancia y elegancia. Pero detrás de la rivalidad mediática, el disco brillaba por sí mismo. Era el retrato sonoro de una generación que encontró en las canciones de un grupito de chicos comunes, toda una declaración de principios.

Deftones – Adrenaline

Corría el año 1995 en Sacramento, California. Cuatro amigos de la secundaria lanzaron un disco que cambiaría el rumbo del metal alternativo. Lo llamaron Adrenaline, y no podría haber tenido un título más exacto. Desde el primer golpe de batería hasta el último grito de Chino Moreno, todo suena como si la banda estuviera explotando por dentro. Pero, a diferencia de otros grupos del movimiento nu-metal que empezaba a gestarse en la escena californiana, Deftones eran puro control dentro del caos. Precisión quirúrgica, emoción contenida, potencia con alma. Era el debut de una banda que todavía no sabía lo grande que iba a ser.

La historia había empezado años antes, en los pasillos de una escuela pública y en los parques donde se mezclaban el skate, el punk y el metal. Stephen Carpenter, Abe Cunningham y Chino Moreno eran solo un par de pibes que ensayaban en el garage de su casa con guitarras baratas, un micrófono y muchas ganas de hacer ruido. Sumaron a Chi Cheng en el bajo y empezaron a buscar un sonido que uniera la agresividad del hardcore con la sensibilidad melódica new wave. Cuando finalmente entraron al estudio, grabaron Adrenaline casi sin pensarlo demasiado. Moreno cantó todas sus tomas en vivo, con un micrófono de mano, rodeado por sus compañeros. No había artificios: solo energía cruda.El resultado fue un disco que reflejaba la urgencia juvenil y una emoción hipnótica difícil de etiquetar, casi espiritual. La crítica quedó sorprendida: decían que Deftones lograban combinar el peso de Helmet con la sensibilidad de The Cure, o la furia de Nirvana con el pulso industrial de Nine Inch Nails. Lo que más destacaban era su “groove”, esa forma en que la banda podía sonar brutal sin perder el ritmo, algo que casi ningún grupo del género lograba mantener. Adrenaline era violento, sí, pero también sofisticado. El disco no solo capturó la agresividad de una generación, sino también la vulnerabilidad que muchas bandas del momento no se atrevían a mostrar.

Candlebox – Lucy

Grunge de segunda generación pero con groove. Eso eran los Candlebox, una banda genuinamente de Seattle, pero con una sensibilidad más metalera, con algunos ecos a Led Zeppelin en un formato perfecto para el rock alternativo. El grupo había emergido con mucha fuerza con su primer disco, agarrando justo la última energía de la primera ola del grunge. Tenían canciones con energía, con ganchos, con potencial para cantar a los gritos y a la vez también un poquito bailables. Pero ahora ya estabamos en 1995, la carta grunge ya no tenía el peso de antes y comenzaba a aparecer cierto sentimiento anti impostores. Y aunque estos chicos eran de Seattle, habían llegado demasiado tarde a la mesa y fueron señalados. Aun así, en su segundo disco Lucy, lograron crear algunas canciones memorables como Simple Lessons que les permitieron llegar a ser disco de oro. Pero su momento de fama ya tenía los días contados.

Attaque 77 – Amén

Después de un inicio de carrera arrasador, los Attaque 77 se pasaron algunos años en los 90s testeando los límites de agresividad en sus canciones y alienando a sus fans más jóvenes e ingenuos que sólo querían canciones rápidas y divertidas. Pero en 1995 la banda comienza a encontrar el camino al equilibrio, abandonando la diversión y reemplazándola por simplemente el elemento pop. Y en este disco, Amén, también el elemento reggae. A los Attaque siempre les gustó el reggae, y no sólo eran fans de Bob Marley sino que se la pasaban tocando sus canciones en la sala de ensayo. Pero nunca se animaron, hasta este momento, ni a tocarlas en vivo ni a grabarlas para un disco. Redemption Song es la canción de Marley que eligen para incluir en Amén, y hasta se la juegan con un reggae propio, que se terminó convirtiendo en la canción más popular del disco, Tres Pájaros Negros. La evolución de Attaque 77 ya estaba en marcha y les iba a permitir seguir siendo populares durante décadas.

Meat Puppets – No Joke!

Desde los ochenta, los Meat Puppets habían sido una de las bandas más resistentes del sello SST Records, evolucionando del punk al rock psicodélico. En los noventa, alcanzaron su pico cuando Kurt Cobain los invitó a tocar en el MTV Unplugged in New York de Nirvana, interpretando juntos tres canciones de Meat Puppets II. Esa aparición les dio una visibilidad que impulsó el éxito de Too High to Die y su hit “Backwater”.Un año después, y aprovechando el envión de la masividad, lanzaron su noveno disco de estudio, titulado No Joke! A pesar de que intentaron mantener la misma fórmula que los definía, una mezcla de punk, rock sureño, country y psicodelia, la recepción que tuvo el disco no fue la esperada y las tensiones internas crecieron. Aun así, rescatamos dos canciones que nos gustaría compartir de este álbum: Scum y Taste of the Sun y así suenan.

Electrafixion – Burned

Cuando Ian McCulloch quedó fuera de su banda de toda la vida, los Echo And The Bunnymen, tuvo que salir a reconstruir una carrera que parecía que le habían arrebatado de las manos. Lo que hace es formar una nueva banda, llamada Electrafixion para la que llama a su ex compañero de los Bunnymen Will Sergeant y suman a dos músicos más, Leon De Sylva en bajo y Tony McGigan en batería. Y el sonido que logran es algo así como Echo And The Bunnymen pasados por filtro grunge. La voz de McCulloch es tan particular, tan original que dificilmente algo que tenga su timbre suene a otra cosa, pero su obsesión con el surgimiento de la escena grunge lo hizo buscar tender ese puente entre el post punk de los 80s y esta nueva escena. El disco se llamó Burned, y sirvió más que nada para encender de nuevo la chispa de la reunión de Echo And The Bunnymen, que sucedería unos años después.

CIV – Set Your Goals

Tras la disolución de Gorilla Biscuits, una de las bandas más influyentes del hardcore de Nueva York, CIV lanzó su primer álbum, Set Your Goals, un grito directo, potente y veloz que resumía el espíritu del hardcore con un toque de humor y energía positiva. Era la época del renacer punk, de bandas como The Offspring o Rancid, y CIV se sumaba a esa ola con un mensaje claro: mantener la actitud, pero no olvidar la diversión.Set Your Goals fue editado por Lava Records, con producción de Walter Schreifels —ex compañero en Gorilla Biscuits y verdadero cerebro compositivo del disco—. Musicalmente, era una mezcla exacta de punk noventoso y la crudeza del hardcore ochentero. Guitarras afiladas, baterías sin descanso y letras que hablaban de impulso, elección y acción. Su sencillo más recordado, Can’t Wait One Minute More, se convirtió en un himno generacional y alcanzó rotación en MTV gracias a su aparición en Beavis and Butt-Head. En esa canción, además, participaba Lou Koller, de Sick Of It All, aportando su voz al espíritu colectivo del disco.

Dismemberment Plan – !

El término emo, muy usado en la segunda mitad de los 90s y abusado en los 2000s, no siempre significó el mismo exacto estilo musical. Originalmente, de la mano de bandas como Dismemberment Plan, se refería no sólo a la emotividad evidente en su nombre sino también a la dinámica de alternancia entre momentos calmados y super acelerados y gritados dentro de una misma canción. Justamente los Dismemberment Plan crearon en 1995 uno de los discos esenciales del género, titulado ! signo de exclamación. Impronunciable pero muy gráfico. El grupo había emergido de la escena de Washington DC, uno de los focos del punk más politizado y violento de Estados Unidos, y usaron esa credibilidad atada al código postal para animarse a romper algunas de las convenciones de la escena y experimentar. Así llegaron a su propia versión del emo, así se arriesgaron a dejar ver que entre sus influencias también aparecía The Cure y así se postularon como una de las bandas que nunca iba a repetir la misma fórmula musical.

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