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En el episodio 257 de TDK 90s, terminamos de escuchar los discos editados en noviembre de 1995. Suenan clásicos del rock alternativo de Los Brujos, Violent Femmes y algo de punk con Lagwagon.
Los Brujos – Guerra De Nervios

Los Brujos fueron una banda argentina de rock alternativo que encabezó, a principios de los ’90, el denominado «Nuevo Rock Argentino». Tenían la particularidad de innovar disco tras disco, y dentro de ese cóctel musical metían de todo: pop, beat, punk, new wave, grunge, música disco, hardcore y mucho más. Ellos mismos definieron a su género musical como “beatcore”, explicando que lo que hacían era un mix entre música beat psicodélica y hardcore y beat.
El sexteto se formó en 1988 en Turdera (Temperley, sur del Gran Buenos Aires), entre la fusión de dos bandas vecinas del barrio: Salto al Vacío y Los Pastrellos. Luego de una presentación en el recordado boliche de rock Cemento, el músico y productor Daniel Melero les propuso grabar su primer álbum.
Esa obra se llamó “Fin de Semana Salvaje”, que estuvo sobrecargada de espontaneidad y canciones bailables, y que además contenía el hit “Kanishka”, himno generacional de la denominada “Movida Sónica”. Dicha obra se convirtió en disco de oro, y el éxito los catapultó a lugares insospechados en un principio como, por nombrar alguna, telonear a Nirvana en 1992, en el Estadio de Vélez Sarsfield.En 1993, grabaron su segundo álbum, “San Cipriano”, un disco donde Melero, como productor, pudo experimentar con su «sonido subjetivo». Dos años después, en 1995, grabaron Guerra de nervios, un álbum inspirado en temática Sci-Fi que les llevó más de 400 horas y que terminó siendo su obra más ambiciosa. Con invitados como Cerati, Melero y Gabo de Babasónicos, el disco condensó esa energía eléctrica que la banda desparramaba en vivo: para ellos, cada tema era un estímulo, un choque de cuerpos y sonidos, una verdadera “guerra de nervios”.
Violent Femmes – Rock!!!

En 1995, la banda folk-punk de Milwaukee, Violent Femmes desconcertó a sus seguidores con el disco Rock!!!!!. Publicado originalmente solo en Australia, tenía una portada de David LaChapelle y una estética glam-metal que no pegaba mucho con su estilo, parecía más bien una broma. Violent Femmes había construido su prestigio justamente sobre lo contrario: en 1983, temas como “Blister in the Sun” y “Add It Up” fueron un manual de supervivencia emocional para generaciones de outsiders, y discos posteriores como Why Do Birds Sing? mantuvieron viva esa mezcla de folk nervioso, humor ácido y pulsión punk. Como parte del movimiento del nuevo rock americano, su manera de entender la música los hacía especiales y diferentes.Tal vez por eso Rock!!!!! desconcertó tanto. La banda que había narrado la fragilidad juvenil con precisión quirúrgica aparecía ahora disfrazada de hair metal y jugando al absurdo. El disco tiene chispazos, sí, pero queda como un registro lateral, una especie de rareza para fans devotos. Aun así, forma parte del mapa: un desvío caprichoso en la trayectoria de un trío que definió, a su manera, uno de los sonidos de culto más perdurables de los 80 y 90.
Lagwagon – Hoss

En medio del furor punk de mediados de los 90s, las bandas apadrinadas por NOFX bajo la categoría de hardcore melódico ganaban cada vez más terreno en la escena. El 21 de noviembre de 1995, Lagwagon estaba editando su tercer disco, Hoss, producido por Ryan Greene y editado por Fat Wreck Chords. El disco se llama Hoss por Hoss Cartwright de la serie Bonanza, que estaba en una foto espectacular en la tapa, un guiño a la cultura pop americana clásico de los Lagwagon. Este fue el último disco con el baterista Derrick Plourde antes de su partida en 1996 y con el guitarrista Shaun Dewey antes de irse en 1997, así que acá tenemos a la formación clásica de Lagwagon grabando juntos por última vez. Y se nota que algo había cambiado, porque Hoss es un disco más oscuro que Trashed y Duh, menos jocoso, con letras más serias y una atmósfera que reflejaba que los pibes ya no eran tan pibes.
El disco tiene canciones como «Violins», «Bombs Away» y «Move The Car» que mostraban a una banda que había perfeccionado su sonido: guitarras aceleradas, batería potente, la voz de Joey Cape en ese punto medio entre melodía y urgencia, y una producción que les permitía sonar profesionales sin perder la energía del punk.
McAlmont & Butler – The Sound Of McAlmont & Butler

Durante muy poco tiempo funcionó en Inglaterra una dupla tan creativa como explosiva, que por tan explosiva apenas llegaron a editar un disco, es la alianza entre Bernard Butler y David McAlmont. De hecho, para el momento en que salió su disco The Sound Of McAlmont & Butler, el dúo ya estaba separado. La historia arranca en 1994 cuando Bernard Butler abandona Suede en su pico máximo, siendo reconocido por la prensa musical como el mejor guitarrista de su generación. Mientras tanto, David McAlmont venía de la banda Thieves y tenía una voz tan espectacular que un crítico de Melody Maker dijo «un día abrirá la boca y de ella saldrá una catedral». Los dos se conocieron en un café y les gustó la idea de trabajar juntos en algunas canciones. Y las dos primeras canciones que compusieron fueron éxitos instantáneos. De ahí la idea de grabar un disco completo. La dupla apenas tocó dos veces juntos antes de separarse de forma conflictiva pero el magnetismo entre ellos era tan fuerte que Butler no podía imaginar a nadie más cantando sus canciones y McAlmont reconocía el talento de Butler para darle canciones a la altura de su voz.
Southern Culture On The Skids – Dirt Track Date

En 1995, mientras el mainstream seguía debatiéndose entre la resaca del grunge y el emergente brit pop, los Southern Culture on the Skids decidieron ir por el camino de la rootmusic, y su sello fue el rockabilly fusión. Con esta idea en mente sacaron el disco Dirt Track Date, que representó para ellos un salto a las ligas mayores después de años girando como una banda under autogestiva. Southern Culture On The Skids era una celebración de la cultura sureña blanca, con algo de actitud punk. En los shows volaba pollo frito y su sonido —esa mezcla improbable de boogie, blues, swamp pop, garage y soundtrack de ruta provincial— definió una manera de hacer rock en los noventa que no respondía a ninguna moda. La guitarra hot rod de Rick Miller seguía derrapando como un auto de picada, Mary Huff aportaba glamour grasoso aun cantando menos que de costumbre, y esa mezcla indescriptible de R&B gallináceo, exotismo kitsch y boogie pantanoso seguía funcionando como un pase VIP al universo delirante de la banda.Dirt Track Date vendió más de 250 mil copias y los puso en el mapa grande, pero lo mejor fue comprobar que, aun firmando con una major, ellos seguían siendo fieles a su causa: rockear como si cada canción fuera un ritual sureño pasado de vueltas.
Sham 69 – Soapy Water and Mister Marmalade

No hubo muchos discos editados en 1995 por bandas más longevas que los Sham 69, que estaban justamente estrenando su álbum Soapy Water and Mister Marmalade. Para esta altura los Sham 69 llevaban ya casi 20 años de carrera desde su debut en el 77, y habían pasado por separaciones, reuniones y todo tipo de aventuras. Pero este disco por algún motivo tuvo una energía diferente, se los escuchaba revitalizados, con canciones en la tradición de los Kinks y Small Faces. El disco incluía canciones como Listen Up, Girlfriend, Little Bit Of This, y una llamada Otis Redding, demostrando que la banda había expandido sus horizontes musicales sin perder del todo ese espíritu callejero que los había hecho famosos. Lo que hicieron fue algo que pocas bandas punk de su generación lograron: seguir relevantes sin traicionar su esencia pero tampoco quedarse congelados en el 77. No estaban tratando de sonar modernos ni de competir con las nuevas bandas punk que dominaban las radios alternativas, simplemente estaban haciendo su propio camino y buscando demostrar que todavía tenían cosas para decir.
The Frames – Fitzcarraldo

La banda The Frames fue una de esas que tuvieron que sobrevivir siendo totales desconocidos durante años antes de encontrar algo de reconocimiento en la prensa y la audiencia. En 1995 editaban su segundo disco Fitzcarraldo, un título que viene de la película de Werner Herzog de 1982, Fitzcarraldo. Glen Hansard, el cantante de la banda define a la película como la historia de un tipo que arrastra un barco por encima de una montaña, una metáfora perfecta para lo que era ser una banda irlandesa tratando de hacerse un lugar en la escena británica de mediados de los 90s. Fitzcarraldo mostró a The Frames alejándose de su sonido anterior para meterse en territorios más experimentales, mezclando rock, folk y elementos menos convencionales, con canciones que hablaban de amor, pérdida y la experiencia humana sin miedo a sonar ambiciosos. Especialmente para una banda tan pequeña en aquel momento.
Perdedores Pop – Perdedores Pop

Mientras Beck cantaba Loser desde la pantalla de MTV, en Buenos Aires la generación X tenía su versión local dentro del nuevo rock argentino. Y en el corazón de la movida estaban los Perdedores Pop como inventores del concepto lo-fi y cultores de un nuevo estilo de vida, prácticamente una filosofía moderna, el cualquierismo. La banda surgió en tiempos de ricos y famosos, de concursos telefónicos millonarios, de presidentes en Ferraris y de Miami como segunda capital. Una de las líneas más famosas que lograron estaba en su canción Grandes Estrellas, que hablaba justamente de preferir ser perdedor antes que ganador en ese contexto. Uno que se sintió ofendido por todo esto fue Leo García, que les gritaba que el pop no puede perder y que dijo en una nota “¡Yo ni en pedo me hubiese puesto ese nombre!”. Los Perdedores Pop seguían una receta de canciones pop debajo de distorsiones que años después influenciaron a gran parte de la nueva camada indie de bandas platense y del sur de Buenos Aires.