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En el episodio 262 de TDK 90s, terminamos de escuchar los discos editados en febrero de 1996. Suena la New York del futuro noventero con los Fun Lovin Criminals y la del pasado sesentero con Lou Reed.
Fun Lovin`Criminals – Come Find Yourself

La escena newyorkina descubrió a sus nuevos héroes de los 90s en 1996 con la aparición del disco debut de los Fun Lovin’ Criminals. El grupo emanaba esa misma esencia que los Beastie Boys proyectaron en los 80s, una fanfarronería de sentirse en el centro de la escena mundial, que era la pura verdad porque eso es New York. Y lo hacían de manera tan cool, tan natural, que ni siquiera generaba rechazo. Al igual que los Beastie Boys, los Fun Lovin’ Criminals tenían sus raices en el hip hop, pero con estilo mucho más relajado, más jazzero e incluso más latino. Y lograron que su primera canción, Scooby Snacks, genere un impacto total usando de sample un fragmento de la película Pulp Fiction de Quentin Tarantino, un videoclip que los mostraba robando un banco, un groove imparable y un coro rockero extremadamente pegadizo.
Goldfinger – Goldfinger

1996 fue el año anterior a la explosión de popularidad del ska-punk en Estados Unidos, pero fue en realidad el año que nos dio los mejores discos del género. Y entre ellos no puede faltar el autotitulado debut de Goldfinger. La banda llevaba un par de años tocando shows y componiendo canciones, y cuando les tocó entrar al estudio, estaban preparados. Y tenían que estarlo porque fueron a grabar al estudio del monstruo de los soundtracks de películas Hans Zimmer, que no era para nada barato. Si metés un grupo de jóvenes punkis con ganas de divertirse en un estudio, van a pasar algunas cosas inesperadas, como que vomiten la alfombra o que el cantante decidiera grabar todo el disco completo fingiendo un acento británico. Así era John Feldman, que admitió años después que sólo quería copiarle la forma de cantar a Joe Strummer de los Clash y por eso en el disco suena un poco extraño, pero según él, y coincidimos, también simpático.
Lou Reed – Set The Twilight Reeling

Después de contemplar la decadencia de Nueva York, la muerte de su mentor Andy Warhol, su lugar en quizás la mejor banda de rock estadounidense de todos los tiempos, y la propia naturaleza de la vida y la muerte, en 1996 Lou Reed finalmente comenzó a considerar un tema realmente importante: dónde conseguir un buen batido de huevo y chocolate. «Egg Cream» abría Set the Twilight Reeling, su decimoséptimo álbum de estudio editado en febrero de ese año por Warner Bros., y para muchos fans fue un gusto escuchar a Lou Reed subiendo el volumen de sus amplificadores y divirtiéndose otra vez, aunque el resto del disco resultó no ser tan liviano como el tema de apertura sugería. Reed estaba preocupado por las relaciones, tratando de descifrar si quería un compromiso a largo plazo, si estaba mejor como lobo estepario que siempre fue, si estaba enamorado, o si solo quería pasar el rato, reflejando su romance reciente con la artista Lauryn Anderson, a quien el álbum está dedicado y con quien se casó doce años después.
Bad Religion – The Gray Race

Después del Stranger Than Fiction de 1994, los Bad Religion sacaron The Gray Race, su noveno álbum de 1996. Fue el primer disco del que no participa el guitarrista original, Brett Gurewitz, desde el EP Back to the Known de 1985. Gurewitz había dejado la banda para concentrarse en su sello discográfico Epitaph Records y por supuesto que dijo que no le gustó el disco, que le faltaba inspiración. Después de unos años volvió a la banda pidiendo disculpas por esos comentarios. Objetivamente, The Gray Race representó un momento de transición para Bad Religion, manteniendo su sonido punk rock característico. Aunque no alcanzó el éxito de su predecesor, The Gray Race logró un éxito modesto gracias a MTV que los tenía siempre en rotativas.
Silkworm – Firewater

Reducidos a trío después de la partida del guitarrista Joel Phelps, y con solo dos voces en lugar de tres, la banda Silkworm se metió en el estudio de Steve Albini y produjo Firewater, su trabajo más cohesivo y ambicioso. El disco duraba una hora y tenía 16 canciones que no desperdiciaban ni un minuto. Como guitarrista único, Andy Cohen desplegó sus alas entregando algunos solos largos, a veces tan fuertes que parecían el doble de volumen que el bajo y la batería, mientras que el bajo grueso de Tim Midgett se convirtió más en pieza central que en ancla, sonando en su punto más denso. Los ocasionales gritos catárticos y estructuras complejas de discos anteriores parecían haberse eliminado en favor de influencias más clásicas como los Stones en «Lure of Beauty», logrando un sonido más medido y relajado.
The Pogues – Pogue Mahone

La banda The Pogues despidió su carrera con su séptimo disco rindiendo culto a sus raices, a su país, a su cultura irlandesa titulándolo Pogue Mahone (Po Mo Thoin) que en su dialecto nativo significa Besame el Culo. De hecho el propio nombre de la banda, The Pogues, era un chiste que rememoraba a esa frase. Pero el grupo ya no tenía a su cantante e ícono Shane McGowan desde hacía unos años, y con él se había ido no sólo su voz tan particular sino también gran parte de su espíritu punk y agresividad típica irlandesa. Hasta llegaron a decirles que habían abandonado el rock para hacer pop de fms para adultos. Justo a ellos, que habían construído una carrera sosteniendo al folk irlandés como parte de su identidad pese a las recomendaciones de abandonarlo para llegar a sonar más en las radios.
Cowboy Junkies – Lay It Down

Recién en su sexto disco, editado en febrero de 1996, la banda Cowboy Junkies compuso todas sus canciones. En los 5 anteriores siempre incluían algún cover y algunos de ellos terminaron siendo más populares que sus propias canciones. Pero llegó un momento en que dijeron basta, por eso este disco, Lay It Down, es tan importante en su carrera. También por primera vez recurrieron a un productor externo, y lo eligieron por su casa. John Keane había trabajado junto a REM, Indigo Girls y 10.000 Maniacs así que un poco de curriculum también tenía, pero cuando la banda vio su estudio, instalado en una casa preciosa de la ciudad de Athens en Georgia, dijeron “queremos grabar acá y con vos”.
The Refreshments – Fizzy Fuzzy & Buzzy

Por algún motivo 1996 parecía ser el año de romantizar los robos a los bancos. Acá tenemos otra banda que tuvo su mayor hit en una canción que contaba la historia del asalto a un banco pero perpetrado por un tipo que “no mataría ni una mosca”. O al menos eso contaron los miembros de la banda The Refreshments sobre su inesperado éxito Banditos, incluído en el disco Fizzy Fuzzy & Buzzy. La canción también nos deja uno de esos estribillos que sólo podrían haber existido en los 90s “Everybody knows That the world is full of stupid people”, “todos saben que el mundo está lleno de gente estúpida”. Y el resto del disco, que por cierto era un juego de palabras homenajeando a la banda The Who y su disco Meaty Beaty Big and Bouncy, estaba también lleno de historias de gente común viviendo vidas llenas de eventos espectaculares.