#263 Marzo de 1996, parte 1

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En el episodio 263 de TDK 90s, empezamos a escuchar los discos editados en marzo de 1996. Suenan exitos de la segunda línea del brit pop y suena Iggy Pop, qué más podés pedir.

Iggy Pop – Naughty Little Doggie

Naughty Little Doggie es el undécimo álbum de estudio de Iggy Pop, editado en 1996, y llega después de dos de sus trabajos más sólidos en solitario: Brick by Brick y American Caesar. Lo grabó junto a la banda con la que estaba de gira y contó con la producción de Thom Wilson, conocido por su trabajo con los Offspring, lo que explica en parte el tono más punk y directo del disco. Los propios músicos se bautizaron «los F*ckups» en los créditos, y el disco suena bien enérgico y la voz distintiva de Iggy Pop le suma puntos, obviamente, al sonido de la banda. 

El año 1996, sin embargo, no fue un año más para Iggy Pop. «Lust for Life» —una canción que ya tenía casi dos décadas— volvió a sonar con fuerza gracias a su uso protagónico en Trainspotting, la película de Danny Boyle que se convirtió en un fenómeno cultural, relanzando su figura ante una nueva generación de oyentes. Su participación en pelis como Cry Baby, Dead Man y The Crow II dan cuenta también de esa hiperactividad que lo caracteriza: es un artista que nunca dejó de moverse.

Gravity Kills – Gravity Kills

Existió una tendencia muy particular entre bandas del estilo del rock industrial en los 90s por ponerle títulos de una sola palabra a sus canciones. Uno podría buscar un correlato entre un género musical tan marcial y machacante y los nombres cortos con consonantes fuertes por la cuestión sonora del impacto de la palabra. O elucubrar teorías sobre el minimalismo estético del rock industrial representado en palabras únicas y cortas como marcas industriales, casi como logos. Pero la realidad es mucho más simple, el motivo es Nine Inch Nails. La banda de Trent Reznor había ideado un sistema de nombres de canciones cortos y contundentes en una sola palabra justo para su disco The Downward Spiral, que destruyó por completo los límites de popularidad a los que podía aspirar una banda de este estilo. Y a partir de ahí, muchos siguieron su camino.

Entre ellos Gravity Kills, un grupo del estado de Missouri que tomaron nota de cada movimiento de Nine Inch Nails, pero a diferencia del 99% de sus otros admiradores, ellos sí lograron algo de relevancia. En ese momento complejo y heterogéneo del rock alternativo como fue 1996, el disco debut de Gravity Kills representaba al costado industrial bien alto en los rankings. Y lograron colarse en tres bandas de sonido de perfil alto como fueron Se7en, o sea Pecados Capitales, Mortal Kombat y Escape de Los Angeles. La canción incluida en Pecados Capitales se llamaba, por supuesto, Culpable.

The Auteurs – After Murder Park

After Murder Park es el tercer álbum de The Auteurs, la banda británica de rock alternativo liderada por Luke Haines, editado a comienzos de 1996 en circunstancias bastante particulares. Para este disco, eligieron como productor a Steve Albini, un productor reconocido en el ámbito de la música independiente, pero lo que pocos saben es que Haines llegó a las sesiones de grabación después de haber pasado gran parte del año anterior en silla de ruedas, tras caerse de una pared. El disco fue grabado en menos de dos semanas en Abbey Road Studios, pero la discográfica decidió retrasar su lanzamiento casi un año, lejos del gran duelo mediático entre Blur y Oasis. Difícilmente haya habido un contexto más irónico para un álbum tan deliberadamente anti-Britpop.Porque After Murder Park es exactamente eso: su antítesis. Mientras la escena celebraba una cierta idea de lo británico, Haines escribía sobre asesinatos de niños, violencia doméstica, suicidio y alcoholismo. Las guitarras son más crudas y abrasivas que nunca, pero conviven con arreglos de cuerdas y toques de vientos que le dan al disco una textura densa y perturbadora. La revista Trouser Press lo describió como una mini obra maestra misántropa. Fracasó comercialmente incluso en los charts independientes, pero en retrospectiva es uno de los registros más honestos y personales de toda la década.

Lush – Lovelife

En marzo de 1996 también salió el Lovelife, cuarto y último álbum de la banda británica Lush y el que marcó un giro importante en su sonido: atrás quedaron el dream pop y el shoegaze de sus primeros trabajos para acercarse al Britpop, el estilo que dominaba la escena inglesa en ese momento. La producción estuvo a cargo de Pete Bartlett, el ingeniero de sonido en vivo de la banda, y se nota el cambio: tiene menos efectos de guitarra, un sonido más directo y accesible. El resultado fue el disco más vendido de su carrera, con singles como «Single Girl», «Ladykillers» y «500 (Shake Baby Shake)», y una aparición especial de Jarvis Cocker de Pulp dueteando con Miki Berenyi en «Ciao!». Llegó al Top 20 en el Reino Unido y fue su mejor performance en Estados Unidos, aunque apenas raspó el puesto 189 en los charts americanos.

Sin embargo, el éxito comercial no alcanzó para sostener a la banda. En lugar de capitalizar el momento en el Reino Unido, su management los mandó a una gira por Estados Unidos junto a los Gin Blossoms, una decisión que resultó un error. El agotamiento hizo mella, y Emma Anderson empezó a hablar de dejar la banda. En septiembre de 1996 dieron su último show antes de su reunión posterior, en Japón y un mes después llegó la tragedia: el baterista Chris Acland murió el 17 de octubre, lo que hizo entrar a la banda en un hiato que se volvió definitivo, con la separación oficial anunciada en febrero de 1998.

Girls Against Boys – House Of GVSB

Pocas veces el disco más popular de una banda es también el favorito de la prensa y de la banda misma. Pero eso fue lo que pasó con el cuarto disco de los Girls Against Boys, llamado The House Of Girls Against Boys. De alguna manera el disco fue una despedida de su productor favorito, Ted Niceley, que los había acompañado en los últimos tres discos, siempre respetando el sonido que la banda buscaba pero aportando formas creativas de lograrlo. Y acá abandonan también una de sus marcas de estilo, que era ese sonido a dos bajos que los había vuelto muy identificables. Ya liberados de esa restricción, pudieron repensar en un sonido más original y compacto, sus canciones instantáneamente sonaron más profesionales. House of GVSB puso a la banda en el radar de mucha gente fuera de la escena indie/hardcore y fue su último disco para Touch and Go antes de mudarse a la major Geffen.

Mega City Four – Soulscraper

La mala suerte fue la marca que acompañó a Wiz, el cantante, compositor y lider del grupo Mega City Four. En sus 10 años de existencia, nunca lograron superar las barreras de la categoría indie en Inglaterra, lo que les impidió construir una plataforma de lanzamiento para el resto del mundo. En 1996, ya un poco aburridos y cansados de no llegar, editan su sexto y último disco Soulscraper, con su clásico estilo de capas de guitarras distorsionadas británicas  pero con un corazón y una melodía que los acercaba al emo.

Y volviendo a la mala suerte de Wiz, después de editar este disco, desarma la banda, frustrado y se va a vivir a Canada para unirse a otro grupo, Doughboys. Pero ese otro grupo al poco tiempo también se separan y se vuelve a Inglaterra donde forma otra banda, Serpico. Pero tampoco dura mucho y sigue rebotando de banda en banda hasta formar Ipanema, un grupo en el que finalmente se sentía a gusto. Y justo en ese momento, le da un aneurisma y se murió. Y así termina la triste historia de Wiz y sus Mega City Four. Pero este disco, Soulscraper, quedó como el testimonio final de una banda que nunca logró el reconocimiento masivo que merecía y sin embargo dejó una marca importante en la escena indie británica de los 90s.

Karate – Karate

Karate es el álbum debut de la banda homónima de Boston, editado en 1995, y aunque todavía está lejos del sonido jazzístico y despojado que los definió más adelante, es un punto de partida sólido y lleno de personalidad. El disco se apoya fuertemente en la escena emo que comenzaba a tomar forma en ese momento, con bandas como Texas Is the Reason o the Promise Ring como contemporáneas, pero Karate ya mostraba señales de querer ir por otro camino. La guitarra de Geoff Farina es el centro de todo: limpia, precisa, con una musicalidad que sus pares del post-hardcore raramente buscaban. Temas como «Gasoline» y «Bad Tattoo» dejan en claro que la banda no tenía apuro, pero tampoco miedo de mostrar algo de fuerza cuando hacía falta.

Screamfeeder – Kitten Licks

La respuesta australiana a Husker Du. Con ese nivel elogio y a la vez presión, calificaron a la banda por supuesto australiana Screamfeeder a lo largo de su carrera. El secreto estaba en esa coordinación agresividad y dulzura en sus canciones, que eran abrasivas pero se volvían muy pegadizas. Y en su disco Kitten Licks, el cuarto de su carrera, llegaban al punto justo de pop, incluso con algunas canciones a dueto entre Tim Steward y Kellie Lloyd que en otro contexto sónico con mucha menos distorsión, podrían haber sido éxitos de la radio. Distorto-rock melódico australiano, sólo para entendidos.

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