#266 Abril de 1996, parte 4

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En el episodio 266 de TDK 90s, empezamos a escuchar los discos editados en abril de 1996. Suenan bandas impensadas que se filtraban en los rankings como los Butthole Surfers, Cracker, Morcheeba y mucho más.

Butthole Surfers – Electriclaryland

Los Butthole Surfers son inexplicables en cualquier otro contexto que no hayan sido la escena alternativa norteamericana, y su éxito fugaz es inexplicable en cualquier otro contexto que no hayan sido la locura de mediados de los 90s. En aquel momento cualquier podía llegar. La banda venía de ser una de las más impredecibles y literalmente peligrosas del underground americano de los 80s, con shows que incluían desnudez, piromanía y caos apenas controlado, lo que les llevó a pasar a la lista negra de muchísimos bares a lo largo del país. Y de golpe editan su séptimo disco Electrilarryland, un título con un juego de palabras con el Electric Ladyland de Jimi Hendrix, y su canción Pepper escala hasta el puesto número 1 de los rankings de rock alternativo. 

Pepper robaba directamente del manual de Beck, un artista que nada tenía que ver con los Butthole Surfers, pero que acá coincidían en un beat minimalista con un chico blanco rapeando con la voz filtrada y sin ninguna intención de parecer negro. Este hit inesperado los llevó incluso a la tv abierta cuando se anunció que iban a tocar en el Late Show de David Letterman. La expectativa en los días previos estaba puesta en ver qué locura se tenían guardada para esta ocasión única. Y lo que hicieron fue lo más shockeante, fueron vestidos de gente común, tocaron su canción a la perfección y sonrieron a cámara. Totalmente shockeante.

Cracker – The Golden Age

Pasada la primera mitad de los 90s, toda la vibra del auto odio, auto tortura y baja autoestima que había dominado la escena rockera, empezaba a resquebrajarse. Y lo hacía no sólo con más artistas luminosos sino también a través de la doble negación. Ahí aparece el grupo Cracker, que en 1996 estaba editando su tercer disco, The Golden Age del que sale un primer simple que era toda una definición de principios, pero a la vez una gran ironía: I hate my generation. La ironía está en que un título así parecía ser un eco de la cultura grunge, de la incomodidad en el mundo y odiar todo lo que te rodea. Pero no, lo que canta David Lowery es que odia a esa generación, a su propia generación, a la generación grunge por ser tan negativos. Lo más gracioso es que lo hace a través de una canción perfectamente identificable con las características del género, completando este sanguche de ironía. Pero The Golden Age es más que un simple, y el estilo de cracker pasaba del rock al country al folk y hasta se permitían alguna balada. La critica lo odió y les dijeron cosas como “irritantemente autoindulgente, arrogante y decepcionantemente árido”, pero uno de estos mismos críticos, que trabajaba para el LA Times dejó una puerta abierta “quizá dentro de 30 años lo revisitemos y le encontremos algún valor oculto” y eso es exactamente lo que estamos haciendo en este momento.

Killing Joke – Democracy

Para 1996, Jaz Coleman ya no era el mismo profeta apocalíptico que había definido los discos de Killing Joke en los ochenta. Asentado en Nueva Zelanda desde 1991 y profundamente involucrado con la cultura maorí, Coleman había encontrado algo parecido a la paz interior, y eso se notaba. Democracy, el décimo álbum de estudio de la banda lanzado el primero de abril por Butterfly Records, fue un disco más optimista, teñido de New Age y con guitarras acústicas infiltrándose en la mezcla por primera vez. Las sesiones de grabación culminaron con una ceremonia de tambores bajo la luna llena en una pequeña isla del río Támesis en Henley, con Youth supuestamente nadando desnudo en las turbias aguas del río. Pero ni Coleman ni el guitarrista Geordie Walker quedaron satisfechos con el resultado final, y culparon a Youth por haber mezclado el álbum sin su supervisión. El sencillo que lleva el título del disco, «Democracy», tuvo un éxito moderado entre los fans y la crítica musical de ese momento y es el tema que vamos a escuchar ahora.

Spongehead – Infinite Baffle

En abril de 1996 llegaba a su fin, con su último disco, la carrera musical de Spongehead. La banda se había formado 11 años antes en Brooklyn y habían forjado un estilo que caminaba entre noise rock, el post hardcore, el rock experimental y el art rock… todos géneros musicales muy underground. La particularidad sonora de Spongehead estaba en el saxofón de Dave Henderson, que funcionaba como un bajo y le daba a las canciones un tono melancólico y depresivo, recordando a los Morphine pero con una intensidad mucho más caótica. Y ese caos lo mantuvieron desde principio a fin de su carrera, por eso su cuarto disco Infinite Baffle no daba pistas de que fuese el último. Pero el timing de su despedida coincidió con el momento en que la escena alternativa empezaba a saturarse y las bandas más experimentales quedaban relegadas, perdiendo espacios en sellos y radios ante el cansancio general del público con la fórmula del rock alternativo.

Bikini Kill – Reject All Americans

Para 1996, Bikini Kill ya había hecho historia. Desde su formación en Olympia, Washington en 1990, Kathleen Hanna, Tobi Vail, Kathi Wilcox y Billy Karren se habían convertido en el estandarte del riot grrrl, ese movimiento que fusionó punk crudo con feminismo visceral. Su debut Pussy Whipped en 1993 había sido un himno generacional, con canciones como «Rebel Girl» resonando con mujeres que ansiaban un espacio sin censura en la música. Pero cuando Reject All American llegó a las tiendas el cinco de abril de 1996, el momento mediático ya había pasado. Resulta que el ataque había dado la vuelta y se les reprochaba que se hubieran domesticado. Las críticas eran mayoritariamente positivas, pero en ocasiones se destacaba su solvencia como grupo para ilustrar que el riot grrrl se había deshinchado sin alcanzar sus revolucionarios objetivos. Pero Reject All American no es más que la evolución natural de una banda que en su breve recorrido aprendió a refinar su trabajo en el sentido más estricto de «enfocar», haciéndolo más conciso lírica y musicalmente.

Fastball – Make Your Mama Proud

1996 fue el año en que comenzaron a emerger algunas bandas que definirían el estilo musical de las radios de rock para el resto de la década. Atrás quedaba el grunge y el rock alternativo más agresivo, y toda esa energía negativa encontraba su canal de expresión en canciones de rock con potencial pop que sonaban alegres pero escondían siempre algo de resentimiento. Ahí aparece Fastball, una banda de la ciudad de Austin, en Texas, con su primer disco, Make Your Mama Proud. A simple escucha estos chicos parecían ser un híbrido entre la velocidad y fuerza del punk y new wave de fines de los 70s con la obsesión por las melodías pop de los Beatles de principios de los 60s. Pero todas esas influencias del pasado eran moldeadas a un formato de canción que resonaba con la generación de los 90s, y si bien en este debut no encontraron aún su audiencia, para su próximo disco tenían preparado uno de los hits más recodados del final de la década.

Morcheeba – Who Can You Trust?

Morcheeba nació casi por accidente. En 1995, los hermanos Paul y Ross Godfrey acababan de coproducir seis temas para David Byrne cuando decidieron probar suerte solos. Enviaron cintas con demos instrumentales a sellos de Londres sin obtener respuesta, hasta que conocieron a la vocalista Skye Edwards en una fiesta. La química fue inmediata y China Records los fichó de inmediato. Un año después publicaron Who Can You Trust?, que fue su carta de presentación: grooves lánguidos construidos con el sonido de un piano Rhodes, el sonido de los filtros de sintes analógicos, guitarra eléctrica y scratching. El disco los asoció automáticamente con la escena trip hop de Bristol, aunque esa etiqueta nunca les quedó del todo cómoda. Tenían un sonido oscuro pero accesible, donde las melodías pop emergían del fango de beats envolventes y sampleos. La voz de Edwards, comparada con Sade filtrada a través de Portishead, le daba al trío un carisma hipnótico único. Melody Maker escribió que la banda tomaba el trip hop y lo llevaba muy lejos hacia el Océano Índico, una mezcla extraña y amarga. Aunque la segunda mitad del álbum sonaba algo repetitiva, Who Can You Trust? vendió más de un millón de copias para 2003, consolidándose como un debut atmosférico y terriblemente efectivo. La banda, sin embargo, nunca se consideró parte del mundo de Massive Attack, Tricky o Portishead. Como Paul Godfrey confesaría años después, cuando parecían trip hop en 1996, el mundo simplemente estaba equivocado sobre ellos.

Shed Seven – A Maximum High

La escena de pop y rock británico de los 90s estuvo claramente atravesada por el término Brit Pop y todo lo que representaba. Pero esa etiqueta no se le pegó a todas las bandas inglesas que editaban discos por aquellos años, algunas, muchas de ellas quedaron afuera y sin esa etiqueta se les hacía más difícil autopromocionarse. Si sos brit pop quedás encasillado pero tenés mucha prensa, y si no lo sos, tenés más libertad creativa pero mucha menos publicidad. En esa trampa quedaron atrapados, pero lograron salir, los Shed Seven. El grupo había tenido un debut bastante olvidable en el 94 y para su segundo disco, A Maximum High, se propusieron no apurarlo e ir afinando sus composiciones y las melodías pop al estilo de rock más desenfrenado de sus inicios. Y la estrategia les funcionó perfecto, de este disco lograron extraer 5 simples que rankearon alto en los charts ingleses. Pero ahí llegaba la limitación de no llevar el sellito brit pop, si bien fueron un éxito en Gran Bretaña, en el resto del mundo no contaron con ninguna promoción.

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