#163 – Septiembre de 1993, parte 1

En el episodio 163 de TDK 90s, empezamos a escuchar los discos editados en septiembre de 1993. Suena Iggy Pop manteniendo su racha de discazos en los 90s, los brasileros de Sepultura con otro disco demoledor y los Archers Of Loaf ganándose sus primeros créditos indie.

Iggy Pop – American Caesar

Junto con “The Idiot” de 1977 y Lust for Life de 1977, el American Caesar de 1993 es uno de los discos más memorables de Iggy Pop. Es, de hecho, el disco que muestra la madurez del artista y que marcó un poco el resto de su carrera.

Con la colaboración del productor Malcolm Burn este disco pone de manifiesto un collage sónico de punk, canción de autor, baladas crooner y algo de country con la voz de Iggy. Como Beside You, una canción romántica que no deja de estar cargada de actitud. O “Wild America” mucho más predecible para cualquier fan de los Stooges.

Sepultura – Chaos A.D.

En septiembre de 1993, los brasileros de Sepultura sacaron también su séptimo disco el Chaos A.D. Y con una sana voluntad, quisieron cambiar el rumbo de la historia del metal. Ya sea para el lado del thrash metal o del groove metal, o bien ralentizando los riffs al extremo, como en “Territory”, tema de referencia del Chaos A.D. Pero también en otros temas aparece este ímpetu anti-colonialista y anti-convencionalismos metaleros que se cristaliza musicalmente en las percusiones samba de Refuse/Resist o el despliegue instrumental que sucede en “Kaiowas”. 

Ese énfasis en desplegar los intereses rítmicos de una tradición afro-brasilera de base, refuta justamente la tesis de que todo lo que viene de afuera es mejor y muy al estilo antropófago -Oswald De Andrade- se nutren de otras culturas para producir algo bien propio, con instrumentos como el timbau, el djembe o el berimbau y una alianza con Carlinhos Brown en jam sessions percusivas de dos horas en la montaña. No por nada este disco, el Chaos A.D. fue elegido por la ROlling Stone como uno de los mejores 100 discos metaleros de todos los tiempos.

Heatmiser – Dead Air

En 1993 hubieron muchos discos debut de bandas que habían firmado sus primeros contratos gracias al efecto derrame que produjo el exitazo de Nirvana. Y como el foco estaba en Seattle, los grupos de la ciudad fueron los primeros en asegurarse un lugarcito, y después le tocó el turno a sus vecinos de Portland, que en ese momento no tenía tanto nombre como escena musical, pero en la década siguiente se iba a convertir en la meca hipster. Pero a principios de los 90s, casi todas las bandas indie de Portland habían firmado con Sub Pop Records, el sello discográfico que estaba en el centro del huracán de Seattle.

Pero se les escapó una, Heatmiser, una banda que alguno podría decir es un reflejo exacto de la escena del rock alternativo norteamericano de la época, pero tenía un par de cositas interesantes. El sonido tiene esas guitarras de principios de los 90s y el mismo loud/quiet/loud que todos emulaban de los Pixies, pero acá había algo diferente en la voz y es que el cantante de esta banda era Elliot Smith. EL Elliot Smith nominado al Oscar en el 98 por sus canciones en la banda de sonido de Good Will Hunting. Pero para eso todavía faltan unos años, en el 93, era sólo el cantante de una banda que buscaba ganarse un lugar en la escena alternativa.

Carter The Unstoppable Sex Machine – Post Historic Monsters

Los ingleses de Carter The Unstoppable Sex Machine habían logrado tanta popularidad con su tercer disco, The Love Album, en 1992, que un año más tarde, con una escena musical totalmente distinta, lograron vender un montón de copias de su no tan buen siguiente album. Venían de haber llegado al puesto número 1, la presión era enorme por repetir. Y además el grupo empezaba a recibir algunas críticas sobre ese estilo de punk rock con máquinas de ritmo que empezaba a repetirse demasiado, hasta ellos mismos admitían por la época que su sonido era fácilmente parodiable.

Por eso se pusieron a trabajar en romper la fórmula y prestarse a la improvisación y la construcción de canciones a partir de pequeñas ideas y hasta de accidentes que sucedían en el estudio. Ahí nace Post Historic Monsters, el cuarto disco de los Carter, que tuvo muy buenas críticas de la prensa por ese nuevo enfoque musical y hasta empezó con buenas ventas con su primer single Lean On Me I Won’t Fall Over. Pero después hicieron algo muy de la época, dinamitaron todo con su segundo simple. Eligieron la canción Lenny And Terence, que no encajaba demasiado con el estilo de la banda, y encima la regrabaron para volverla aún menos comercial. El resultado fue el esperado, de casualidad llegaron a meterse en el top 40 y de ahí en más, su carrera fue cuesta abajo.

Archers Of Loaf – Icky Metle

Hoy nos toca otra banda de esas que en los 90s uno podía llegar a leer de ellos en alguna revista importada y ver su nombre en listas de mejores bandas indie pero no nos llegaban a Argentina. Son los Archers Of Loaf y sus discos no estaban editados en el país, sus canciones no sonaban en la radio y sus videoclips no rotaban en MTV ni siquiera en lo más profundo de la madrugada. En 1993 comienza esta historia con su disco debut, Icky Metle, con mucho pedigree indie porque fue grabado en apenas una semana en su propio estado, en North Carolina en la ciudad de Chapel Hill que no llega ni a los 100.000 habitantes y fue editado por un sello chiquito como Alias Records. Y costó sólo 5000 dólares que la banda ayudó a poner. No existe hacerse más de abajo que esto.

El disco es un estallido de energía disparada para todos lados, con algo del mismo espíritu que Pavement en ese estilo desalineado, casi infantil. Pero tienen canciones geniales que sólo pueden componer pibitos que no saben nada de la industria musical, por más que 30 años después, a esos mismos pibitos ya bastante más grandes, les de un poco de cringe.

My Life With The Thrill Kill Kult – 13 Above The Night

Y apareció otra de las bandas con uno de los mejores nombres de los 90s, My Life With The Thrill Kill Kult. Uno podría llegar a pensar que es el nombre de una banda emo pero todavía no había emo como lo conocemos en 1993, o quiza el nombre de un grupo de metal nórdico muy violento. Pero no, My Life With The Thrill Kill Kult es una de las bandas emblema de un movimiento muy chiquito y under como es la música industrial disco. Del otro lado del sonido industrial rockero y más pesado, estaba esta gente, con ritmos extremadamente bailables pero oscuros y con muchas referencias gore.

Por algo esta clase de bandas se volvieron de los preferidos de los musicalizadores de películas para ambientar escenas de acción ambientadas en discotecas durante los 90s… y si había vampiros mucho mejor! El cuarto disco de My Life With The Thrill Kill Kult se llamó 13 Above The Night y le sumó a los sintetizadores, guitarras y ritmos tecno una capa extra de samples de películas clase B y letras que hablaban de perversiones sexuales, drogas experimentales y ocultismo. Realmente, cómo resistirse a todo esto?

Chapterhouse – Blood Music

Ya entrado el año 1993, el Britpop crecía y crecía en una Inglaterra que anteriormente estuvo marcada por otros estilos como el shoegaze o la electrónica madchester. Suede ya había pegado un par de hits dentro de esa incipiente escena britpop y del otro lado del charco, en Estados Unidos, el grunge seguía ganando adeptos. En ese contexto salió el último disco de los Chapterhouse, el Blood Music, cerrando un poco el ciclo del shoegaze en Gran Bretaña. Los chapterhouse fueron una banda no muy valorada en su momento que si bien se etiquetó como Shegaze y al día de hoy el Whirlpool, su primer disco es citado como un ejemplo canónico del género, lo cierto es que llegaron un poco tarde también a la fiesta shoegaze porque ya habían circulado grandes discos de My Bloody Valentine, Slowdive y Ride que un poquito los eclipsaron.

Con el Blood Music los chapterhouse metieron una pata en la movida más electrónica pero sin animarse del todo.

Shonen Knife – Rock Animals

Durante los 90s a muchas bandas japonesas les costó salir de su propio país, algo entendible por la esa barrera invisible del idioma. Es muy raro el japonés, no hay chances que agarres ni una palabra de casualidad como podés hacer con otros idiomas aunque no sepas nada de inglés, francés, portugues y hasta me animo a decir alemán. Pero la cosa cambiaba cuando los japoneses se animaban a cantar en inglés, que casi nunca era un inglés demasiado prolijo sino que tenía un acento muy pero muy marcado. Y no importaba, porque eso lo hacía más divertido, más cute, más kawaii.

Todo eso eran las Shonen Knife, una banda surgida en las aburridísimas oficinas gubernamentales de Osaka por tres chicas que se negaban a resignarse a esa agobiante vida de oficinistas. Y lo hicieron canalizando el sonido del rock n roll más americano pero con letras y vestimentas más tiernas y una actitud 100% punk. Esa pelota de contradicciones enamoró a la realeza del indie americano, por ejemplo nada menos que Nirvana y Sonic Youth salieron públicamente a expresar su amor por las Shonen Knife y hasta las invitaron a salir de gira juntos. En medio de la etapa de comercialización total del rock alternativo, se volvía imprescindible algo nuevo y raro e imprevisible, y estas chicas cumplían todos los requisitos.

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