#272 Mayo de 1996, parte 3

En el episodio 272 de TDK 90s, seguimos escuchando los discos editados en mayo de 1996. Suena el hijo de Bob Dylan con tres hits consecutivos que lo volvieron por un rato más famosos que su padre, además de post grunge y mucho rock independiente.

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The Wallflowers – Bringing Down The Horse

La sombra de Bob Dylan sobre Jakob Dylan es larga e inevitable, y Bringing Down the Horse tuvo que cargar con eso desde el principio. Grabado entre 1994 y 1996 con T-Bone Burnett —productor de confianza del entorno de Dylan— el álbum se construyó en condiciones difíciles: sin baterista fijo, sin guitarrista líder, con músicos invitados entrando y saliendo del estudio, entre los que se encontraba Mike Campbell de Tom Petty and the Heartbreakers. Las canciones también llegaron escalonadas, algunas fueron escritas antes del primer disco de la banda, otras fueron compuestas durante las mismas sesiones de grabación de Bringing Down The Horse.  Una de las más emotivas, «I Wish I Felt Nothing», fue escrita pensando en Leo LeBlanc, el guitarrista del pedal steel que tocó en varias pistas del álbum mientras combatía un cáncer y murió poco después de terminar las grabaciones en 1995. El disco le fue dedicado a él.

Fishbone – Chim Chim’s Badass Revenge

Fishbone es una de las grandes injusticias del rock alternativo de los noventa: músicos brillantes a los que ni la prensa ni el mercado les dieron demasiada atención.

Cuando en 1996 publicaron Chim Chim’s Badass Revenge, la banda ya venía golpeada. Habían perdido a dos miembros fundadores —el guitarrista Kendall Jones y el tecladista Chris Dowd— y, además, Sony Records los había dejado afuera.

Rearmados, firmaron con Rowdy Records, un subsello de Arista, y grabaron el disco con Dallas Austin como productor. Austin llegó con una idea bastante clara: lograr con Fishbone lo que Rick Rubin había hecho con los Red Hot Chili Peppers. A eso se sumaba John Bigham en guitarra, que venía de tocar con Miles Davis. Un dato que habla del nivel musical que seguía rodeando a la banda, incluso en medio de tanta inestabilidad.

Y hay una ironía fuerte: justo en 1996, cuando el ska de tercera ola explotaba en popularidad, Fishbone —uno de los grupos que ayudó a poner ese sonido en el mapa— quedaba afuera de la conversación.

El disco también marcaría el final de una etapa: sería el último con el baterista Phil “Fish” Fisher, que se iría dos años después.

Nickelback – Curb

Pasada la mitad de los 90s, cuando las bandas de la camada de grunge original se habían disuelto, diluído o evolucionado musicalmente, emergió una segunda ola llamada post grunge. Eran bandas muy jóvenes que se habían criado con el grunge de Seattle y cuando tuvieron plata para comprarse una guitarra y un amplificador, lo primero que se les ocurrió fue imitar a sus ídolos. Dentro de ese universo se destaca, no por originalidad ni calidad, pero sí por popularidad, Nickelback. Pero no les fue tan sencillo el camino a la fama. La banda nace en un pueblito de Canada llamado Hanna, y a diferencia del modelo americano de tratar de conseguir un contrato con una discográfica para poder grabar su primer disco, allá es el gobierno el que te financia la grabación. Y para mostrar que se hicieron realmente de abajo, eran ellos mismos quienes vendían en la mano el disco a sus primeros fans a la salida de recitales o enviándolos por correo. Luego llegarían ventas millonarias, fama internacional y una reedición de lujo, pero el primer disco de los Nickelback era el producto genuino de un grupo de chicos canadienses queriendo imitar a sus ídolos.

Duncan Sheik – Duncan Sheik

Duncan Sheik fue un tipo afortunado. Antes siquiera de componer su primera canción, de editar su primer disco, de tener su primer éxito mundial, ya era un tipo afortunado. A principios de los 90s estaba estudiando semiótica en una de la universidades más prestigiosas de Estados Unidos, la Brown University. Ahí forma una banda con una de sus amigas, una tal Lisa Loeb. Pero como era un muchacho muy carismático se hace otra amiga, Traceee Ross, que era la hija de la leyenda Diana Ross. Y aprovecha el contacto para primero conseguir algunos trabajitos grabando para otros artistas y finalmente conseguir un contrato con Atlantic Records. Sheik compuso 30 canciones para el disco, de las que se seleccionaron 12 para ser incluídas y dentro de esas 12 se seleccionó una para ser su primer simple. Y pasó lo que nadie esperaba, dentro de un disco totalmente anacrónico de pop adulto ochentero de radio nocturna, ese simple, Barely Breathing, se convirtió en un monstruo que lo llevó a mantenerse en el ranking de la Billboard por 55 semanas consecutivas, un nuevo record. Y la canción sigue vigente, presente en todas las playlists de radios de rock y pop adulto de todo el planeta.

Manic Street Preachers – Everything Must Go

El 1 de febrero de 1995, Richey Edwards —letrista y guitarrista rítmico de los Manic Street Preachers— salió de su hotel en Londres, volvió a su departamento en Cardiff y desapareció. Dejó atrás el pasaporte y las tarjetas de crédito. Su auto fue encontrado cerca del Puente de Severn, un lugar conocido por suicidios. La policía lo declaró muerto en el verano de ese año, aunque su cuerpo nunca apareció. A pesar de la tragedia, los tres Manics restantes —James Dean Bradfield, Nicky Wire y Sean Moore— decidieron seguir con el proyecto del grupo, usando algunas de las letras que Edwards había dejado escritas. Cinco de las canciones del álbum llevan letra de Richey, lo que convierte a Everything Must Go en un disco especialy también uno de los álbumes más importantes del britpop, aunque los Manics nunca habían sido exactamente una banda britpop. Everything Must Go fue el disco que les permitió alcanzar aquello que estaban buscando.

Super Furry Animals – Fuzzy Logic

Los Super Furry Animals llegaron a Creation Records en 1996 con el plan de grabar en Rockfield Studios solo porque tenía jacuzzis y tres comidas por día. El resultado de esa lógica tortuosa fue Fuzzy Logic, uno de los debuts más celebrados del año —cuarto en la lista de fin de año de la NME, entre Orbital y DJ Shadow, por detrás de Beck y los Manic Street Preachers. La portada ya adelantaba el tono excéntrico del proyecto: un montaje de fotos del traficante de drogas galés Howard Marks, quien había visitado el estudio durante la grabación a pedido de la propia banda, y a quien está dedicada la canción «Hangin’ with Howard Marks». El disco había sido pensado como una reacción al britpop —que la banda consideraba un movimiento conservador y regresivo— pero terminaron dándose cuenta de que estaban grabando un álbum de rock de los setenta en un estudio de los setenta. La ironía los divirtió.

Lo que salió fue un debut inclasificable: glam rock a lo Bowie, psicodelia estilo Syd Barrett, pop de los sesenta, punk, electrónica. Dos singles llegaron al top 20 británico —»If You Don’t Want Me to Destroy You» y «Something 4 the Weekend»— y el disco entró al 23 en los charts. No fue un bombazo comercial, pero sí el inicio de una de las carreras más interesantes del rock galés de los noventa.

King’s X – Ear Candy

En 1996 King’s X llevaba casi una década siendo la banda favorita de las bandas favoritas de todo el mundo. Jeff Ament de Pearl Jam había declarado en MTV que «King’s X inventó el grunge» y bandas como Alice in Chains y Soundgarden los admiraban en secreto. Incluso la banda había tenído su gran oportunidad en Woodstock ’94 cuando los programaron en horario estelar y con transmisión en vivo por MTV. Pero había algo que les impedía dar el gran paso a la fama. En ese momento llega su sexto disco, Ear Candy. Suman como productor al canadiense Arnold Lanni, para intentar virar su sonido hacia algo más melódico y accesible. Pero el espíritu fundador de la banda era más fuerte y siguieron manteniendo todas las marcas de fábrica: riffs pesados con armonías vocales y canciones que sonaban al mismo tiempo a los Beatles y a Motörhead. Y de nuevo, nada pasó con ellos. El resumen de su carrera llegó años después con la publicación de un libro de historia oral de la banda, que abre con Jeff Ament, de nuevo él, repitiendo lo mismo que pensaba toda la industria: «Es increíblemente injusto que King’s X no hayan sido enormes.»

Magnapop – Rubbing Doesn’t Help

Magnapop es quizá la banda que tuvo más suerte pero también más mala suerte juntas de la historia. El grupo había emergido de la escena de Athens, donde -aquí comienza la suerte- conocieron a Michael Stipe de REM mientras estudiaban en la Universidad de Georgia. Stipe vio el primer recital de Magnapop y ahí mismo se ofreció a producir unas demos para ellas. Con mérito propio pero con más suerte consiguen que su disco Hot Boxing, de 1994, sea producido por la leyenda del punk Bob Mould. Y para su disco Rubbing Doesn`t Help el productor fue Geza X, otra leyenda que había grabado a los Dead Kennedys. Toda esta buena fortuna punk las llevó a conseguir que el baterista más famoso de la escena, Josh Freese se sumara a la grabación porque se les había ido su batero original. Pero también dijimos mala suerte, y eso llegó cuando su sello discográfico se fue a la quiebra justo en medio de la promoción comercial del disco, y enterrado en esa quiebra, la banda no pudo volver a usar su nombre Magnapop por 10 años, directamente terminando con su carrera.

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