#276 Junio de 1996, parte 3

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En el episodio 276 de TDK 90s, seguimos escuchando los discos editados en junio de 1996. Suenan dos discos icónicos del rock alternativo de la década con el segundo disco de Beck y el debut de Nada Surf.

Beck – Odelay

Si bien Beck ya era un tipo bastante particular y extraño, y su música era como mínimo inusual y pegadiza, cuando se editó su disco Odelay, llevó su sonido extraño y pegadizo a niveles nunca visto antes. Escupía hit atrás de hit que no sonaban a nada que nadie hubiera escuchado antes y mi siquiera se parecían entre sí, lo que llegaba era un cocktail de nostalgia lisérgica pasada por el filtro del hip hop pero con un sonido a rock alternativo. Para la grabación, Beck llegó al estudio de los Dust Brothers en la casa de Los Ángeles, con un bolso lleno de discos de vinilo raros y una valija de instrumentos de juguete y de ferias de artesanos. La presión que sentía de parte de la industria discográfica y de la audiencia por escupir un nuevo hit al estilo de Loser lo llevó al camino opuesto, a experimentar con samples de décadas pasadas, a la distorsión como instrumento y a letras crípticas. Pero absolutamente todo eso que lo volvía raro y que parecía atentar contra su éxito, lo posicionó como uno de los artistas más talentosos y populares de los 90s.

Nada Surf – High/Low

Toda banda de los 90s que irrumpió en la escena alternativa siendo original y tuvo éxito, inevitablemente generó una serie de clones. Le pasó a Nirvana y de ahí en más, a Green Day por ejemplo y un poco después también a Weezer. Así nace en apariencia la aparición de la banda Nada Surf a mediados de los 90s, porque además compartieron un aspecto clave con los Weezer, su productor. El grupo tenía un demo grabado y como hacían todas las bandas por aquellos años, siempre llevaban una copia en el bolsillo por las dudas. Y en uno de esos por las dudas, se cruzan con Rick Ocasek, el cantante de The Cars que habia vuelto a la fama por haber producido el disco debut de Weezer. Casi sin esperanzas le dan el cassette y Rick se lo guarda en el bolsillo. Pasa un tiempo y no saben nada de él, hasta que semanas después suena el teléfono y era Rick ofreciéndose a producirles su disco. El album se llamó High_Low y adentro tenia una canción que los llevó a rotar en MTV y volverse famosos, pero también a confundir al público porque no era representativa de su estilo. El tema fue Popular, que intercalaba un coro con una especie de recitado que era palabra por palabra un manual de buena conducta adolescente escrito en 1964.

Zakk Wylde – Book Of Shadows

Zakk Wylde era el guitarrista estrella del metal a mediados de los 90: había modernizado el sonido de Ozzy Osbourne, incluso co-escribió en él “No More Tears», y venía de grabar un disco de southern rock tremendo con su proyecto Pride & Glory. Pero en 1996, sorprendió a todo el mundo sacando un disco solista casi completamente acústico, lleno de baladas y folk llamado Book Of Shadows. El propio Wylde tuvo que salir a explicar este giro musical ante las acusaciones de engaño a la audiencia “Los fans que compran discos no son estúpidos. Si yo me cortara el pelo y grabara un disco punk, se darían cuenta. Pero si es honesto, aunque tenga el pelo largo lo van a entender». Y uno de los puntos altos del disco fue Throwin It All Away, una canción dedicada a su amigo Shannon Hoon, el cantante de Blind Melon que había muerto hace poco. Pero en lugar de escribirla desde su propio punto de vista, la canción está vista desde los ojos de la hijita recién nacida de Shannon.

Patti Smith – Gone Again

Patti Smith pasó casi toda la segunda mitad de los ochenta y buena parte de los noventa alejada de los escenarios, dedicada a la vida doméstica junto a Fred «Sonic» Smith, su marido y ex guitarrista de MC5, en Detroit. La poeta del punk, la que había irrumpido en el CBGB con Horses en 1975 fusionando rock primitivo con poesía beat, se había retirado casi por completo, con la excepción del disco Dream of Life que sacó en el 88. Pasarían ocho años entre Dream of Life y Gone Again , que también se presentó como un álbum de «regreso» cuando se lanzó en 1996. Esta vez, sin embargo, Smith no regresaba de una vida familiar idílica, sino de una gran pérdida. En concreto, su querido amigo y compañero de viaje, Robert Mapplethorpe, murió a causa del SIDA en 1989; el pianista del Patti Smith Group, Richard Sohl, murió de un ataque al corazón en 1990; Fred murió de una insuficiencia cardíaca repentina a finales de 1994; y solo unas semanas después, el hermano de Smith, Todd, sufrió un derrame cerebral fatal. Además, Kurt Cobain, a quien Smith nunca conoció pero a quien reconocía como un alma gemela, se suicidó en 1994. En medio de ese duelo acumulado, salió de gira con Bob Dylan, y encontró una motivación para volver. Entonces convocó a sus colaboradores históricos, Lenny Kaye y Jay Dee Daugherty, se instaló en los estudios Electric Lady de Nueva York, y empezó a grabar lo que sería Gone Again, editado el 18 de junio de 1996. El resultado fueron canciones-poema reflexivas y tranquilas, muchas de ellas acústicas. Tom Verlaine de Television grabó con su guitarra, John Cale tocó el órgano, y Jeff Buckley apareció casi por casualidad en el estudio, invitado por el propio Verlaine, para grabar coros en «Beneath the Southern Cross» y «Fireflies». Fue su última grabación de estudio antes de morir ahogado en el río Wolf menos de un año después. Gone Again terminó siendo, contra todo pronóstico, una de las grabaciones esenciales de los noventa según la revista Rolling Stone: el sonido de una artista que convirtió el duelo y la pérdida afectiva en algo que, lejos de hundirla, la trajo de vuelta a la vida.

The Brian Jonestown Massacre – Their Satanic Majesties Second Request

Anton Newcombe vivía, en 1996, una especie de furia creativa sin freno. Líder y único miembro constante de The Brian Jonestown Massacre, una banda por la que con los años pasarían más de cuarenta personas, ese año decidió grabar tres discos completos casi en simultáneo, sin sello discográfico estable, sin plata, y sin ubicación fija. Their Satanic Majesties’ Second Request, el segundo de esa trilogía de 1996, salió el 18 de junio por el sello Tangible, distribuido por Bomp! Records. El título y el espíritu del disco eran un homenaje directo al Their Satanic Majesties Request de los Rolling Stones de 1967, y la música seguía esa misma lógica: sitares, mellotrones, farfisas, didgeridoos, tablas y glockenspiels, todo mezclado en una exploración psicodélica que miraba sin disimulo hacia Keith Richards y Brian Jones. Newcombe grabó este disco de noche, en un estudio, mientras que de día grababa Take It from the Man! en otro estudio distinto, con otro productor. «En vez de no tener dónde vivir, iba de un estudio a otro durmiendo en los sillones», decía unos años más tarde en una entrevista.

Fastbacks – New Mansions In Sound

A principios de los noventa, una generación entera de fanáticos del rock devoraba todo lo que salía de sellos como Sub Pop, K Records y PopLlama, persiguiendo el sonido de Seattle. Ahí, entre Mudhoney, Tad y Screaming Trees, aparecía una banda que sonaba distinta a todo lo demás: Fastbacks. Formada en 1979 por el guitarrista Kurt Bloch junto a sus amigas de la secundaria Kim Warnick y Lulu Gargiulo, la banda fue durante más de veinte años uno de los pilares menos reconocidos de esa escena, sin perseguir nunca el éxito masivo que arrasaba a su alrededor. Tenían, eso sí, una particularidad: nunca lograron quedarse con un baterista fijo. Por la formación pasó hasta Duff McKagan, antes de convertirse en el bajista de los Guns N’ Roses, y en el disco anterior a este, Answer the Phone, Dummy, habían usado seis bateristas distintos. Para New Mansions in Sound, editado en 1996, lograron cierta estabilidad, con Mike Musburger tocando trece de las quince canciones. Y el resultado fue, según muchos que lo escucharon en su momento, el disco más logrado de la banda. Las canciones son simples y honestas y hablan de la cotidianidad y banalidad de los adolescentes de la época: deambular solo por las calles, ir a los fichines, juntarse con amigos. Eddie Vedder de Pearl Jam, los invitó a abrir sus shows en estadios y aparece cantando coros sin acreditar en «Girl’s Eyes», después de pedirle en broma al ingeniero cien dólares para borrar su voz y grabarla de nuevo. Si bien los Fastbacks nunca se volvieron masivos, persisten en las discografías de los melómanos y revisionistas de los 90.

Primitive Radio Gods – Rocket

Primitive Radio Gods tenia el plural en su nombre y parecía una banda, pero era el proyecto de una sola persona, Chris O’Connor. Chris había grabado su disco debut íntegramente en el garage de un amigo en 1991, con una grabadora de 16 pistas, después de que su banda anterior, los I-Rails, se disolviera. Mandó los cassettes a radios y sellos sin recibir respuesta, y al tiempo se resignó y consiguió trabajo como controlador aéreo en el aeropuerto de Los Angeles. Unos años después, mientras limpiaba la casa, encontró una caja con unos cuantos cassettes que le habían sobrado y los volvió a mandar a las discográficas. Pero esta vez vez un A&R de Columbia los escuchó, se enamoró de una canción, y firmó a O’Connor sin siquiera haberlo visto en persona. La canción era «Standing Outside a Broken Phone Booth with Money in My Hand», construida sobre un sample de B.B. King, un loop de batería ralentizado de Soul II Soul y un solo de piano que aparece en el medio de la canción. Y esa pieza tan extraña de música con tantos pedazos prestados Llegó al número 1 del Modern Rock de Billboard después de aparecer en la banda de sonido de la película Cable Guy de Jim Carrey.

AFI – Very Proud Of Ya

En 1996, Dexter Holland, el cantante de The Offspring, firmó a una nueva banda a la que le tenía toda la fe para su sello discográfico Nitro Records. La banda era AFI y lo que Holland había visto en estos chicos de Ukiah era exactamente lo que su sello necesitaba: energía en bruto, canciones de menos de dos minutos, y un cantante, Davey Havok, que todavía no era consciente de lo que podía llegar a provocar con su voz. Eran perfectos, una banda con muchísimo potencial pero que necesitaba un espacio sin presiones para crecer y con un guía que conozca desde el punk más underground hasta de vender millones de discos. El disco que grabaron los AFI se llamó Very Proud Of Ya y tiene lindas métricas, lo hicieron en una semana, tiene 20 canciones y dura 40 minutos, la perfección punk del promedio de dos minutos por canción.

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