#278 Julio de 1996, parte 1

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En el episodio 278 de TDK 90s, empezamos a escuchar los discos editados en julio de 1996. Suena el glam alternativo de Sponge y dos bombas del hip hop, De La Soul y el debut de Nas.

Sponge – Wax Ecstatic

La banda Sponge había tenido un éxito bastante inesperado y desproporcionado con su debut Rotting Piñata y para el segundo disco querían hacer algo diferente, y como les pasa a todos, ese algo diferente era algo ambicioso. La idea original era grabar un disco conceptual sobre el submundo del sur de Estados Unidos, una especie de Ziggy Stardust que iba a ir explorando la cultura de Memphis. Pero a mitad de camino dijeron “esto puede ser un poquito demasiado” y abandonaron la idea del disco conceptual, aunque les quedaron un par de canciones sobre drag queens sureñas y vestidos de gamuza. Era bastante raro ese disco conceptual. Además de las canciones, lo que también mantuvieron fue el estilo de rock guitarrero de los 70s mezclado con las estructuras y la distorsión del rock alternativo, lo que les terminó dando algún hit más.

Jawbox – Jawbox

Jawbox nació en 1989 en Washington D.C. desde las cenizas de Government Issue, la banda hardcore en la que J. Robbins tocaba el bajo. Su primer show fue abriendo para Fugazi. Firmaron con Dischord Records, el sello de Ian MacKaye, y editaron dos discos en ese circuito antes de dar el paso que en esa escena muchos consideraban una traición: firmar con una major, como Atlantic Records. Estaba tan mal visto que cuando lo hicieron, alguien le escribió a Robbins para decirle que esperaba que murieran en un accidente de tránsito en medio de la gira. Pero la banda negoció condiciones que pocas bandas conseguían de una discográfica grande: autogestión, control creativo total y edición en vinilo en su propio sello. Y con ese respaldo grabaron For Your Own Special Sweetheart en 1994, considerado por muchos el mejor disco de post-hardcore de esa era. Tanto que Nirvana y los Deftones lo citaron como influencia. El problema era que Atlantic esperaba ventas masivas más que valoraciones de la crítica de culto, y terminó moviendo a la banda a un subsello llamado TAG junto con Lemonheads y Dinosaur Jr. Fue en ese momento cuando grabaron su cuarto y último álbum, el homónimo Jawbox, en el invierno de 1995-96, con el productor John Agnello. Robbins lo recuerda como el período más maduro de la banda, convencido de que era el mejor material que habían escrito. Hay incluso una versión escondida de «Cornflake Girl» de Tori Amos que se convirtió en un hit menor en las radios alternativas. Pero cuando el disco salió, en palabras del propio Robbins, «desapareció en el éter». TAG y Atlantic los bajaron del sello, y Jawbox se disolvió en 1997. Lo cierto es que fue un final bastante injusto para una de las bandas más importantes y menos reconocidas de la escena alternativa de los noventa. 

De La Soul – Stakes Is High

El 2 de julio de 1996, De La Soul lanzó Stakes Is High y, ese mismo día, como te vamos a contar después, Nas sacó It Was Written. Era un momento de conflicto en el mundo del rap, entre costas y artistas representativos de esos estilos y escenarios, como Biggie y Tupac. Jay-Z consolidaba Reasonable Doubt y OutKast despegaba con ATLiens. Digamos que no era el mejor momento para sacar un disco que, en lugar de subirse a cualquiera de esas movidas, las criticaba a todas. Y eso era exactamente lo que De La Soul quería hacer. Venían de años de fricciones con su sello Tommy Boy y con una industria que, desde su debut psicodélico 3 Feet High and Rising en 1989, nunca supo bien qué hacer con ellos. Ahora estaban enojados, y se notaba. Por primera vez en su carrera grabaron sin Prince Paul, su productor histórico, y tomaron las riendas ellos mismos con ayuda de Skeff Anslem y de un joven productor que entonces se llamaba Jay Dee y que después el mundo conocería como J Dilla. El resultado fue el disco más oscuro y confrontacional de la banda: beats, jazz y soul, letras que disparaban contra el gangsta rap, el bling, la violencia y la comercialización del hip-hop. Tupac les respondió en una canción. Naughty By Nature inició una pelea con ellos que tardó quince años en apagarse. Pero el disco también introdujo a Mos Def al público masivo en «Big Brother Beat», trajo a Common antes de su consagración, y sumó a Erykah Badu y Zhané, que estaban inventando el neo-soul. Con el tiempo, la crítica reivindicó el Stakes Is High como uno de los discos más lúcidos y necesarios de ese año.

Nas – It Was Written

Pocos debuts en la historia del hip-hop crearon una presión tan aplastante como Illmatic. Nas tenía veinte años cuando salió ese disco en 1994, y en sus nueve canciones retrató la vida en los proyectos de Queensbridge con una precisión lírica que dejó a la crítica sin palabras. El problema es que Illmatic vendió poco: Nas era demasiado tímido para promocionarlo, y mientras él miraba para otro lado, Biggie y Snoop Dogg arrasaban en ventas. Cuando en los Source Awards de 1995 vio el poder que tenía la maquinaria de Puff Daddy, tomó una decisión: quería ser grande, no solo respetado. Contrató al manager Steve Stoute, llamó a los Trackmasters, a Dr. Dre, a DJ Premier y a Havoc de Mobb Deep, y se inventó un alter ego, Nas Escobar, inspirado en Pablo Escobar y en el rap mafioso que Raekwon y Jay-Z estaban popularizando. It Was Written salió el 2 de julio de 1996, el mismo día que el Stakes Is High de De La Soul, y una semana después de Reasonable Doubt de Jay-Z, en plena guerra entre costas. Debutó en el número uno del Billboard 200 con 270.000 copias vendidas en la primera semana, y terminó siendo triple platino, el disco más vendido de su carrera. Pero la crítica lo miró con desconfianza: para muchos era la primera evidencia del «sophomore slump» de Nas, el brillante poeta callejero que había cambiado las rimas desnudas de Queensbridge por brillo comercial y fantasías mafiosas.

Frenzal Rhomb – Not So Tough Now

El segundo disco de los Frenzal Rhomb, llamado Not So Tough Now fue el que los consolidó como la banda punk más importante de Australia. Pero para llegar tuvieron que tomar una decisión como mínimo arriesgada: elegir a Tony Cohen como productor, porque era alguien que no venía del circuito punk, sino que se había hecho famoso por su trabajo con Nick Cave y los Bad Seeds. De todas formas nada iba a sacarles el espíritu punk más descarado y desubicado. En una entrevista por la radio Triple J, la más popular radio de rock de Australia, el cantante Jay Whalley le hizo unos cuantos chistes de doble sentido a la conductora y como resultado terminaron en la lista negra de la radio, que por años se negó a pasar sus canciones. El chistecito les pudo haber salido muy caro, pero los Frenzal Rhomb tenían un gran disco en sus manos y aún sin sonar en la radio llegaron al puesto número 1 del ranking independiente australiano. Y años después, les levantaron la veda en la radio y el propio Jay Whalley terminó siendo conductor del programa de las mañanas de la Triple J.

Demonios de Tasmania – Modelo 96

Los Demonios de Tasmania estaban en su mejor momento en 1996. Con su disco debut Sexcalextric ya en la calle y con la escena underground de Buenos Aires haciéndoles un lugar entre sus favoritos, la banda se mete en un estudio en Villa Allende, en Córdoba, para grabar el disco que los iba a infiltrar en las radios de toda Argentina. Hasta su propio sello discográfico lo describió como «menos raro» que el anterior, algo que banda tomó casi un insulto afectuoso. Lo real es que habían logrado convocar a las figuras más importantes del under para ayudarlos a producir algunos de sus hits. Adrian Dargelos y Uma T de Babasónicos se encargaron de producir «Dandy Rock Club», y Gabriel Guerrisi junto a Alejandro Alaci de Los Brujos se encargaron de la producción de «Minimax». Y para coronarlo, el mastering lo hizo el mismísimo Daniel Melero, que a esa altura era el productor favorito de media escena alternativa argentina. Y el resultado fue todo lo que se esperaba y más, porque de las radios de rock, saltaron a la tele y sus videos empezaron a rotar con fuerza en MTV y Much Music durante todo el año.

Reverend Horton Heat – It’s Martini Time

La historia de Jim «Reverend Horton» Heat es en parte real y en parte mito cuidadosamente cultivado. Sub Pop, su sello original, había difundido que Jim había pasado años en un reformatorio juvenil y que a los 17 se mantenía como músico callejero girando por todo Texas. Y lo sostuvieron durante años, hasta que el propio Reverendo dijo la verdad, que habia sido todo un invento del departamento de marketing de la discográfica. Para 1996 Reverend Horton Heat ya tenía 3 discos editados y se preparaba el lanzamiento del cuarto, It’s Martini Time. El timming era perfecto para un cambio en su forma de encarar la grabación: el ska y el swing se estaban poniendo de moda de forma totalmente inesperada. Por eso esta vez no convocaron a un productor como los que venían llamando, por ejemplo Gibby Haynes de los Butthole Surfers y Al Jourgensen de Ministry. Esta vez el elegido fue Thom Panunzio, que había trabajado con U2, Tom Jones y Joan Jett. El disco terminó sonando más sofisticado, con jazz, swing, country, atenuando el psychobilly desenfrenado de siempre. Y su lanzamiento llegó justo cuando eclosionaba el jazz y el swing en las radios, lo que les dio la oportunidad de colarse en las radios mainstream y hasta en MTV.

Crazy Horse – Broken Arrow

David Briggs había sido el productor de Neil Young durante casi 30 años. Su rol había sido imprescindible para construir el sonido de Neil, desde gritarle en el estudio que deje de pensar y que toque, hasta transformar las composiciones caóticas que traía Neil en discos impecables como Everybody Knows This Is Nowhere o Rust Never Sleeps. Por eso cuando Briggs murió de cáncer de pulmón en noviembre de 1995, Neil Young quedó sin brújula. Después de hacer el duelo, se puso a pensar en cómo homenajearlo y se le ocurrió que para su próximo disco iba a hacer exactamente lo que Briggs le hubiera dicho que haga. ¿Y qué hizo? Volvió a juntar a su banda Crazy Horse, se instaló en el rancho Broken Arrow en el norte de California, y se puso a grabar sin pensar, sólo tocar. El disco que salió de esas sesiones fue Broken Arrow, y nadie lo entendió demasiado. Sólo entre las primeras tres canciones sumaban 25 minutos. Para algunos fue el disco menos inspirado de Young en años, pero para otros fue exactamente lo que debía ser: un homenaje a un productor que siempre prefirió la rugosidad a la perfección.

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