#280 Julio de 1996, parte 3

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En el episodio 280 de TDK 90s, seguimos escuchando los discos editados en julio de 1996. Suenan el debut seductor y mortal de Fiona Apple, además de nuevas caras del punk en los Jimmy Eat World y D Generation.

Fiona Apple – Tidal

Fiona Apple tenía dieciocho años cuando salió Tidal el 23 de julio de 1996, pero la mayoría de las canciones las había escrito a los dieciséis. Hija de un actor y una cantante, criada en Manhattan, Fiona sufrió de un abuso sexual a los once años y encontró en la escritura una forma de procesar lo que no podía decir de otra manera. A los 16 dejó el secundario, se mudó a Los Ángeles, grabó un demo de tres canciones que llegó a manos del productor Andy Slater, y en 1995 firmó con Sony. Al poco tiempo salieron las primeras canciones de Tidal y la crítica musical inmediatamente lo celebró, comparándola con Tori Amos y Alanis Morissette. «Criminal» fue el tema más conocido, aunque fue a pedido del sello, que quería algo más radiofónico para promocionar el lanzamiento del disco. El video de Criminal, dirigido por Mark Romanek fue bastante polémico porque se la veía a ella con poca ropa, lo que le valió el apodo de la lolita de los suburbios. Más allá de los comentarios, el video ayudó al disco a entrar al top ten, vendió tres millones de copias en Estados Unidos. Ese tema, «Criminal», ganó el Grammy a la mejor interpretación vocal femenina de rock en 1998 y la Rolling Stone la ubicó entre los cien mejores álbumes de los noventa.

Jimmy Eat World – Static Prevails

Los Jimmy Eat World tuvieron un problema bastante único para grabar su disco Static Prevails. Su bajista, Mitch Porter, dejó la banda justo antes de que firmaran con Capitol Records para irse 2 años a hacer la misión esa de tocar timbres de los mormones. Pero le encontraron reemplazante rápido porque ninguno era muy genio porque apenas tenían todos 19 años.  El problema es que Capitol y Jimmy Eat World tenían visiones completamente distintas sobre qué cornos tenía que ser el disco que estaban por grabar. El sello quería que la banda reescribiera canciones en un espacio de ensayo en Los Angeles con dos productores que les imponían ellos. La banda no quiso saber nada pero como eran muy chicos y la discográfica tenía todo el poder, cedieron un poquito y aceptaron hacer ese proceso con dos canciones. En definitiva nada de esto les garantizó ningún hit, pero sí de todas esas sesiones nació un disco que con el tiempo iba a madurar como uno de los tótems del emo de la década siguiente.

D Generation – No Lunch

Después de la ola punk que dominó la música alternativa, siguieron sucediendo distintos brotes punk con diferentes sabores, más a grunge, más a metal, más a country, y en 1996 de la mano de los D Generation, un inesperado punk con sabor a glam. Tenía sentido, la banda tenía raices en New York y habían hecho de su vestimenta un evento casi tan icónico como su música. Ellos salen de su contrato con la discográfica Chrysalis en el 95 y como eran muy bien vistos por la prensa, se desata una guerra de ofertas entre las grandes discográficas por ficharlos, que terminó con una firma en Columbia Records. Y para grabar su nuevo disco eligieron de productor a Rick Ocasek de la banda The Cars, el guitarrista Danny Sage contó que Ocasek fue su primera y única opción, porque eran fans de los Cars y habían escuchado lo que había hecho produciendo el disco debut de Weezer y confiaban que podían hacer lo mismo con ellos. Así nace No Lunch, una colección de doce canciones de punk rock de Manhattan que sonaban como si los New York Dolls se hubieran reencarnado en los noventa.

Tonic – Lemon Parade

Tonic se formó en Los Ángeles en 1993 cuando Emerson Hart y Jeff Russo, amigos de la infancia, empezaron a tocar juntos en bares y cafeterías del circuito local. Sumaron al bajista Dan Rothchild y al baterista Kevin Shepard, y durante dos años construyeron su reputación a fuerza de shows incansables en lugares pequeños como The Mint y el Kibitz Room, perfeccionando un sonido que mezclaba el rock alternativo con raíces folk y acústicas. En 1995 Polydor Records los firmó, y el debut Lemon Parade salió el 16 de julio de 1996, producido por Jack Joseph Puig, el mismo que había trabajado con los Black Crowes y Jellyfish. El resultado fue un disco de folkrock alternativo con letras muy personales, que Hart había escrito desde su propia experiencia. La canción que da título al álbum, Lemon Parade, vino de un sueño: una chica trabajando en un puesto de limonada mientras los chicos le tiraban limones, y que después resultó ser hermosa. Ese tipo de imágenes humildes y directas recorrían todo el disco. El tema más popular del disco, sin embargo, fue «If You Could Only See», el tercer single que seguramente recordás.

Dig – Defenders Of The Universe

La banda Dig se formó en Los Ángeles en 1991 y fue el proyecto de un productor que había trabajado con los Ramones. Tenía un sonido propio de la escena alternativa de la ciudad, que los distinguía del omnipresente grunge que dominaba la escena. En 1993 debutaron con su álbum homónimo bajo Radioactive/MCA. El single «Believe» pasó casi tres meses en las rotativas de MTV y el disco vendió alrededor de cien mil copias, suficiente para mantenerlos en el radar. Pero entre 1995 y mediados de 1996 la banda prácticamente desapareció de los escenarios, agotada por una gira extenuante, y decidieron meterse en el estudio a grabar. Al poco tiempo volvieron con Defenders of the Universe, un disco que quedó un fuera de época y fue demasiado correcto y radio friendly para la crítica. Defenders of the Universe fue mezclado casi en su totalidad por Tom Lord-Alge, uno de los mezcladores más reputados de la industria, y fue Hackwith mismo quien produjo el disco. Usaron muchas capas de guitarras, sintetizadores, y hasta ukulele, theremin, banjo y un sinte Moog. Las canciones que te compartimos ahora son un buen ejemplo de cómo suena este álbum de los Dig.

Ween – 12 Golden Country Greats

Todas las bandas tienen un género musical, pertenecen a alguna escena, a algún paraguas que permita definirlos al menos en parte. Pero los dos amigos de Pennsylvania que firmaban como Ween escapaban a las etiquetas porque saltaban de género en género y de estilo en estilo. Hasta que en 1996 dijeron ¿y si hacemos un disco de un solo estilo? Esta idea absolutamente básica para cualquiera, fue todo un riesgo para ellos, porque la gente esperaba locura y lo que le dieron fue country. Música country, de eso se trata este claramente titulado disco: 12 Golden Country Greats, 12 grandes canciones del country, casi como si fuese una recopilación de exitazos de décadas pasadas. Pero había un problema, el disco sólo traía 10 canciones, no 12. Durante años la banda explicó que el doce era por el número de músicos que tocaban en el disco. Pero un tiempo después admitieron que lo había inventado para no confesar que habían grabado doce canciones, pero dos no les gustaron y las sacaron… pero ya tenían diseñada la tapa.

Red House Painters – Songs For a Blue Guitar

Red House Painters era, desde su debut en 1992, la banda de Mark Kozelek: él escribía todo, controlaba todo, y cuando 4AD le pidió que acortara un solo de guitarra en el disco que estaba grabando, Kozelek se negó. Esa negativa fue suficiente para que el sello lo echara Ivo Watts-Russell, el fundador de 4AD, reconoció años después que soltar a Red House Painters fue la peor decisión que tomó en su carrera. Kozelek encontró nuevo hogar en Supreme Recordings, un sello creado por el cineasta John Hughes, el mismo director de Breakfast Club y Ferris Bueller, distribuido por Island Records, y por ahí salió Songs for a Blue Guitar el 22 de julio de 1996. El disco era, en la práctica, un álbum solista porque ningún otro miembro de la banda aparece en los créditos. Kozelek lo escribió, lo tocó, lo arregló y lo produjo solo, trasladándose del estilo slowcore de los primeros años a otro más folk, más country y también más clásico, pero la crítica musical del momento lo recibió muy bien. Había versiones de Yes, The Cars y Paul McCartney, y una sensación de libertad creativa total que era lo que él estaba necesitando.

Jeremy Enigk – Return Of The Frog Queen

Cuando Sunny Day Real Estate se separó en 1995, la primera explicación que circuló fue que Jeremy Enigk se había convertido al cristianismo y que eso había destruido la banda. La realidad era más compleja, con tensiones internas de todo tipo, pero la historia de la conversión religiosa quedó pegada al nombre de Enigk para siempre. Pero lo primero que hizo fue encerrarse a componer canciones de amor y desamor, y cuando fue a grabarlas le dijo su sello discográfico Sub Pop que necesitaba una orquesta de 21 músicos. Jonathan Poneman, cofundador de Sub Pop le dijo que sí sin pensarlo dos veces, aunque saliera una fortuna. El resultado fue Return of the Frog Queen, un disco que marcó el futuro del rock de autor, con cuerdas, vientos, arpa, y hasta un glöckenspiel acompañando la voz desgarrada de Enigk. El disco se agotó y se volvió en un objeto preciado por coleccionistas, además Lou Barlow de Sebadoh lo eligió como su disco favorito del año. Y el propio Enigk dijo años después que era el trabajo del que más orgulloso se sentía en toda su carrera.

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